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Pedro de Tena

En manos de bandoleros

Nada es comparable a lo ocurrido esta semana en el asalto de inmigrantes a la frontera de Melilla.

Nada es comparable a lo ocurrido esta semana en el asalto de inmigrantes a la frontera de Melilla.
Europa Press

Si alguien tenía dudas acerca de lo ocurrido en el interior del PSOE en 2016, ya no las puede tener. Debieron haberse dado cuenta cuando se descubrió a Pedro Sánchez votando en una urna fraudulenta para conseguir imponer su voluntad a una organización. Pero cuando recuperó el control del partido gracias a la candidez y a la indolencia de Susana Díaz y los barones, ya era tarde. El PSOE había caído en manos de un tipo sin escrúpulos que para ser presidente del Gobierno español iba a apoyarse en todos los tontos útiles y en cualquier salteador de los caminos de España, ETA incluida. El PSOE ha desaparecido –aún no lo sabe—, y una posibilidad de reconstitución también. Queda Pedro Sánchez y su cuadrilla, comunistas y separatistas inclusos, que ya no son partidos sino bandas, que aguantarán lo que puedan para obtener máximos beneficios.

Andrés Saborit, en su semblanza de Julián Besteiro, introduce la visión que ciertas derechas tuvieron de la Restauración: "Por ejemplo, el conde de Torre-Vélez, en su libro El bandolerismo político, precisamente publicado en 1917, se expresaba así: "Tenemos por tradición, proclamado además, y esto es lo peor, practicado, un solo principio de Gobierno, a saber: el gobernante tiene derecho a hacer cuanto le plazca. Ante el capricho, la vanidad o la soberbia del arbitrio ministerial no hay barreras. No tiene freno ni límite para barrenarlas y ultrajar los derechos y proclamar la anarquía gubernamental". Retrato perfecto del bandolero político.

Parecía que la Constitución de 1978 iba a poner freno a comportamientos así, pero no. Por sus huecos, se ha colado el bandolerismo separatista y terrorista, el bandolerismo de la corrupción y ahora, el bandolerismo amoral de un sujeto que ha asumido los modos y maneras del régimen socialista andaluz, afortunadamente derrotado, esperemos que para siempre, en las urnas hace una semana.

En estos años se ha visto mucho y con claridad. Desde su manipulación del poder judicial y los medios de comunicación públicos y privados al control de Indra. Desde su mentirosa e insensible actuación al comienzo de la covid al uso descontrolado de un dinero público que incrementa la deuda pública nacional. Desde sus venganzas personales, de socios y fieles, al nepotismo familiar evidente. Desde su interpretación personal de la diplomacia y la política exterior al hundimiento de la economía de los más pobres de España con una inflación que él mismo sitúa en un 15 por ciento.

Pero nada es comparable a lo ocurrido esta semana en el asalto de inmigrantes a la frontera de Melilla. Más de 2.000. 37 asaltantes muertos y decenas de gendarmes y guardias civiles heridos. Pero oigan, ya no es Marruecos quien incita a los subsaharianos retenidos como hizo con miles de jóvenes en Ceuta cuando el caso Ghali escoció en Rabat. Ahora, dice el bandolero político que nos tiene en sus manos, todo es obra de las mafias que el gobierno marroquí ha dejado de controlar milagrosamente. Ahora, Marruecos ha cumplido con su deber contra la inmigración irregular. Qué pornografía política y moral.

Ya no sé si existe aún la militancia socialista y si conserva algunos de los valores que alguna vez dijo representar. Pero es que acaban de ser masacradas en la frontera hispano-marroquí 37 personas, como resultado de la colaboración de las fuerzas de seguridad españolas y marroquíes, según ha dicho Sánchez. Se tratará, seguramente, de ofrecer a la cumbre de la OTAN que comienza esta semana una imagen de dureza y contundencia cuando, como ha sido evidente, no se han conseguido compensaciones esenciales –ni la seguridad de Ceuta, ni de Melilla, ni de Canarias, ni del tráfico de inmigrantes ni nada–, tras el arrodillazo del Estado español ante Marruecos, arrodillazo decidido, no por las Cortes Generales y la Jefatura del Estado, sino sólo por él, el único, el jefe de la banda.

Y no se olvide la degeneración merecida de un comunismo, siempre manipulador de los Derechos Humanos (¡qué silencio el de las Oenegés españoles mientras denuncian las marroquíes!), que calla ante la matanza y juega a la OTAN no pero sostiene al gobierno de OTAN sí, manteniendo, cómo no, sus sueldos y cargos intactos.

El pasado día 19, Andalucía mostró el camino que nos librará de los bandoleros que nos tienen en sus manos. Ya no nos queda otra. O dignidad democrática y nacional o la banda de Pedro Sánchez.

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