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Pedro de Tena

La cloaca moral de la izquierda

Según Pablo Iglesias y sus pretorianos, todo lo que les está ocurriendo es obra intrigada de las cloacas del Estado.

Pedro de Tena
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Según Pablo Iglesias y sus pretorianos, todo lo que les está ocurriendo es obra intrigada de las cloacas del Estado. No es una expresión nueva. Sabido es que para la izquierda la cloaca son los otros. Por espigar su historia, Unamuno llamaba cloaca a Sicilia, donde la ley y la sociedad civil eran imposibles a causa de sus mafias. El exministro Paco Ordóñez concedió la existencia a tal ente en el Estado y Felipe González y Juan Luis Cebrián se refirieron a “la cloaca” en un libro escrito al cloaquimón. El primero decía al segundo: “A mi juicio, no existe ningún Estado sin áreas secretas, susceptibles de abusos, pero imprescindibles para la seguridad".

Pero reparen en que Pablo Iglesias está en el Gobierno que vicepreside –oigan y callen cuando esté en uso de la palabra–, y se sienta a controlar las cositas del CNI. Pero, claro, eso no son cloacas porque lo que es o no cloaca es lo que dicta esta izquierda amoral. Alfonso Reyes hablaba de un tipo de serpientes cobra –que no es que porque cobren como hacen otros– que ponen sus huevos en medio de una cloaca. Ya me dirán ustedes a quiénes se parecen, si no es a gente que incuba su psicopatía ideológica, de por sí o por encargo, vaya a usted a saber, la mantienen y alimentan en cuerpos políticos afines –pongamos que hablo de Venezuela o Cuba o…–, para luego parirlos en su cloaca española, el eslabón más débil en la operación de desmoralización de la democracia europea y la civilización occidental.

Tiene cojones, perdón, escuchar a Pablo Iglesias decir que el juez García Castellón quiere imputarlo por las ideas políticas que defiende, que son las mismas que la UE condena y por las que Alemania o Estados Unidos no lo dejarían ni balbucear. De vicepresidir una nación democrática, ni hablamos. ¿Ideas políticas, dice? ¿Es una idea política que el juez, al que le comienzan a asestar amenazas de muerte al poco tiempo de elevar su auto al Tribunal Supremo, pida la imputación de Iglesias por revelación de secretos? ¿Es una idea política causar daños informáticos definitivos a la tarjeta SIM de un teléfono ajeno? ¿Puede considerarse una idea política el haber perpetrado una denuncia falsa ante el juez o el haber incurrido en falso testimonio flagrante?

Para ser, dice, experto en ciencias políticas, confunde con pasmoso cinismo una idea política con un hecho delictivo. Ah, y lo de la entidad Neurona, por lo visto, será un concepto político digno de Mirabeau, Maquiavelo o el mismo Lenin. Es lo mismo que ETA y otros terrorismos han hecho siempre. Matan y cuando se les condena dicen que han sentenciado sus ideas políticas. Como anota el propio Iglesias de su admirada Cersei, la pérfida criminal de Juego de Tronos: “Algún día tú serás rey y la verdad será lo que tú digas". Eso quiere, pero la verdad, que existe, tiene la manía de salir a la luz.

Por detrás de todo, la izquierda socialista de Pedro Sánchez –si hay otra ya es hora de que se manifieste y si no lo hace es que no existe– socavando los pilares de la Transición aprovechando la confusión pandémica, su repercusión económica y social, la deserción de la mayor parte del centro-derecha español de su responsabilidad política y moral y la resignación de los ciudadanos ante una “nueva normalidad” que consiste sobre todo en la paulatina ocupación de la sociedad y el Estado por parte de la izquierda.

Admiro el optimismo de Gabriel Zaid, que cree que la corrupción política –lo del estado de alarma de Madrid, decretado alevosamente y con datos mentirosos por un Gobierno sin escrúpulos, es su exponente radical– tiene los días contados porque sus “mentiritas y mentirotas” no tienen recorrido ni nacional ni internacional. Tal vez. Yo prefiero hacer lo que ha propuesto con claridad Rosa Díez para impedir la consolidación de la cloaca moral de esta izquierda: “Hay que organizarse”. Sí, pero ¿con quiénes, cómo, dónde, para qué?

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