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La conspiración

En esta España, está visto, no cabe un listo más.

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Una conspiración es como una conjunción de astros ciegos y predecibles, pero en humano, lo que le da un carácter incierto. Si los astros se sitúan en una posición determinada capaz de producir unos efectos, los que sean y según se dice en las mancias crédulas, una conspiración es una concatenación de acciones y circunstancias que produce un efecto, sea el buscado u otro. Yo afirmo que en España está en marcha una conspiración cuya consecuencia directa va a ser una subida en el caudal de votos de Vox, que tal vez no sea el fin buscado por algunos de los ideadores del plan, pero que va a ser el resultado indudable del mismo.

Empecemos por los dos tristes tigres que quieren que Vox sea el tercero en discordia en una selva diferente a la de Cabrera Infantes. Se trata del PP y Ciudadanos. Querrían eliminar a Vox y a Abascal de su mapa, pero lo están alimentando a una velocidad que cuando llegue el 28 de abril es posible que ya esté obeso y fofo. Hasta Aznar ha caído en el despropósito. En vez de callar y no aludir a su existencia, le desafía a una mirada a los ojos. Pues toma mirada y el ojo morado ha sido el suyo. Memento, hombre, Vidal Quadras, catalán en la intimidad, Pujol, el ratero, competencias arriba y abajo… Ciudadanos ninguneando a Vox en Andalucía de manera vergonzante y nada realista mientras Macron abre la veda de los besos con el PSOE y el PP, en Andalucía sobre todo, firmando pactos con los apestados para no cumplirlos. Pues Vox y más Vox.

Sigamos con los iluminados de las izquierdas, los mismos que no ven un peligro en Nicolás Maduro o Raúl Castro o Evo Morales y se escandalizan de Santiago Abascal, que defiende la Constitución y la democracia aunque quiera cambiarlas, como Pedro Sánchez, como el lince Iceta, que ha estado cumbre con su 65 por ciento de estupidez supina desvelando las intenciones de su jefe, como el pobre Pablo Iglesias que no es consciente de la relación de su antiejemplo casoplonero, de su antiespañolismo sin freno y la ruina de su partido… Todo el día intentando marginar a Vox, echarlo del mapa político, acusarlo de casi todo, una y otra vez, en todos los mítines, en todos los platós, en todos las redes sociales…Vox, Vox, Vox.

Y para colmo van los separatistas catalanes, los mismos que están quedando como la chata de Cai en un proceso que ha impulsado precisamente Vox como acusación popular y que apenas menciona ni difunde, y le pegan, con sangre de por medio y todo, a la su gente en Barcelona en una manifestación legal tras una cacicada amoral de la Colau. O sea, que dejan más que claro que el proceso independentista catalán de pacífico no tiene nada y evidencian que aquí quien está afiliado a la violencia callejera no es Vox, ni las derechas, ni el centro-derecha, sino la izquierda extrema del separatismo. Como antes, en 1934, como en 1936, como siempre. Y venga Vox.

La gente, nosotros, la inmensa mayoría de los ciudadanos, silenciosa o no, ata cabos, establece relaciones y deduce significados de manera sencilla. Lo que molesta, fastidia y solivianta a todos, de un lado a otro del espectro político, es Vox. De ese modo, Vox se ha convertido en el partido mártir, el partido víctima, el partido torturado y perseguido. Del mismo modo, Vox se hace visible, evidente, creciente y manifiesto. Es el uno contra todos, el símbolo del héroe, del valiente, del caballero andante. NI el genio más ingenioso del universo sociológico les hubiera hecho mejor campaña. Gratis y en español.

A los perfectos idiotas del pensamiento hispánico políticamente deyecto sólo les falta concebir una conspiración –como las que señalan Apuleyo, Montaner y Vargas Llosa en su Manual–, nacida en la ropa interior de Donald Trump, para hacer que Santiago Abascal sea elevado a los altares electorales. Al tiempo. En esta España, está visto, no cabe un listo más.

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