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Pedro de Tena

Madrid y la mala leche

Aprovechando el Pisuerga del coronavirus, la mezquindad política ha decidido volcar toda la mala leche posible en el derrocamiento del Gobierno legítimo de Ayuso.

Pedro de Tena
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Siempre me han impresionado las referencias culturales que adquirí a propósito de la buena voluntad. Destacadamente, me refiero a dos. A aquélla de “paz en la tierra a los hombres de buena voluntad” que proclamaron los ángeles en el nacimiento de Jesús de Nazaret y a la de Kant, aquello de que no había nada que pudiera considerarse propiamente bueno salvo la buena voluntad. En eso nos educamos muchos españoles y parece fuera de toda duda que si la convivencia se desea como algo necesario y posible, la buena voluntad es su ingrediente imprescindible.

Naturalmente, la buena voluntad tiene como motor decisivo la buena intención, la decisión moral de actuar sin mala voluntad y sin mala leche, o sea, sin el propósito de hacer daño a nadie a sabiendas. Pero el cuento ha cambiado mucho desde que yo era pequeño y crédulo. Ahora ya sé que la mentira es la dueña del mundo, que la buena voluntad está casi extinguida y que, probablemente en todas partes, muy especialmente en España, ha triunfado la mala leche.

Ya. Ya sé que sobre todo lo anterior habría mucho que hablar y precisar. Pero quisiera subrayar que ni siquiera el más feroz de los totalitarismos desprecia el hecho de que la verdad existe. De hecho, llega a torturar para conocerla porque sólo conociéndola puede defenderse de sus enemigos. Por tanto, lo que defiende todo totalitario, persona, partido o Estado, no es la inexistencia, imposibilidad o inutilidad de la verdad, sino la primacía de la mentira para conseguir sus fines. Así, se sitúa a la inmensa mayoría de los ciudadanos más allá de la verdad y la mentira porque, sencillamente, se les prohíbe desear y poder distinguirlas. Es el triunfo de la mala leche, lo único que queda tras haber destruido la veracidad y la buena voluntad que exige una democracia para que el voto sea libre, consciente y fundado.

Y ahora, Madrid. Yo no recuerdo haber presenciado un linchamiento económico, social y político tan insistente, persistente e impenitente como el que se ha organizado contra la CAM y contra la ciudad de Madrid, muy determinadamente desde que comenzó la pandemia. Madrid, región y capital, que han sido más que probablemente las víctimas de su posición central en comunicaciones y desplazamientos de población, han terminado siendo tratadas como verdugos de la salud pública. Este verano conocía yo de primera mano las acusaciones que hacían causantes de la extensión del virus a los madrileños que vacaban en sus pueblos de nacimiento. Ignorancia y mala leche.

De este modo, Madrid, la región más solidaria de España y la que ha sufrido más el horror del coronavirus en los primeros momentos, era percibida por la mala leche nacional como la región responsable de la covid-19, aunque nadie se crea seriamente tal infamia. De hecho, puede considerarse incluso heroico el comportamiento de los madrileños durante la primera fase de la pandemia, y fue considerada ejemplar la reacción de sus instituciones ante el colapso que se le vino encima. Pero la mala leche existe, y en la política miserable en la que hozamos día tras día existe en cantidades industriales.

Aprovechando el Pisuerga del coronavirus, la mezquindad política ha decidido volcar toda la mala leche posible en el derrocamiento del Gobierno legítimo de Isabel Ayuso, del PP, apoyada por Ciudadanos y sostenida por Vox. Seguramente, los responsables de la CAM no lo han hecho todo bien para controlar la pandemia, pero cualquier comparación con el Gobierno de Pedro Sánchez, y también con cualquier otro Gobierno autonómico, sería odiosa, porque, muy especialmente, el comportamiento del Gobierno social-comunista que rige España ha sido miserable y vil, desinformando, confundiendo y desatendiendo a los españoles.

Pero, claro, es mucho más importante que caiga el Gobierno legítimo de Madrid, con puñales internos y externos y toda clase de patrañas y medias verdades, que el que los madrileños y los demás españoles podamos superar con dignidad y eficacia la que nos está cayendo encima. Da vergüenza – ¿a ti no, Gabilondo?–, pero eso es la mala leche, la mala voluntad y la mala intención. Tres en uno contra la región más generosa con los españoles y la más castigada por esta desgracia. ¡Viva Madrid!

Decía Umbral que una columna periodística es letra impresa y mala leche. Pues sí, me ha contagiado tanta mala leche.

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