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Democracia liberal y franquismo

La Iglesia apoyó al franquismo porque éste la salvó, literal y físicamente, del genocidio.

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Dice el señor Vilches que "hacer oposición o criticar a los socialistas no obliga a asumir como bueno lo que la izquierda desprecia". Desde luego, él no lo hace: asume precisamente los tópicos de esa izquierda sobre el franquismo, incluso empeorándolos al estilo de Tusell, "progre" de derechas con necesidad psicológica de demostrar que es aún más antifranquista que la izquierda. Por lo demás, lo esencial de mi trabajo no es la oposición a los socialistas, sino la clarificación documental y analítica del pasado. Creo que el señor Vilches, tratando de rebatir mi artículo sobre el franquismo, hace un ejercicio de estéril pedantería académica, más bien que de aproximación seria a la historia. Le responderé con la mayor brevedad posible, punto por punto:

1. Contra lo que él piensa, la democracia liberal está obligada a elogiar y agradecer al franquismo. No existió un movimiento demoliberal contra Franco, en cuyas cárceles no hubo demócratas, sino totalitarios o asimilados. Por ello, la democracia liberal solo pudo construirse sobre las condiciones creadas por el franquismo. Los liberales nos beneficiamos de ello y debemos agradecérselo, como es de bien nacidos. Tanto más cuanto que ha sido y es el antifranquismo la mayor amenaza para la democracia conseguida.

2. Dice que la transición no la hizo posible la reforma "de la ley a la ley" sino "la articulación pacífica de la sociedad civil". Fueron las dos cosas: la articulación pacífica de la sociedad civil, conseguida bajo el franquismo (¿o cayó del cielo?), se manifestó en el voto masivo a la reforma "de la ley a la ley" y contra la ruptura. Y no es cierto que las leyes franquistas carecieran de consentimiento y legitimidad: la inmensa mayoría de la población no era antifranquista, y no existió alternativa democrática viable a él. ¿O la conoce el señor Vilches?

3. El franquismo nunca fue totalitario ni la Falange su única ideología. Sus "familias" (Falange, Iglesia, Opus Dei, monárquicos, carlistas) tenían mucho de partidos, con sus organizaciones y prensa propias y sus peleas por el poder, ya en los años 40. Lo he tratado en Años de hierro, examinando precisamente esos tópicos ideológicos. Tampoco "el Terror fue la forma y fondo" del régimen. El terror sí funcionó en muchos países europeos, incluidas democracias, después de la II Guerra Mundial; aquí la represión se hizo judicialmente. La retórica de Vilches al respecto es pura invención de origen comunistoide. Tan poco terror había que, salvados los efectos inmediatos de la guerra, la población penal en España era quizá la más baja de Europa, y los presos políticos (totalitarios casi todos) muy pocos. Quizá haya ahora más, pues los de la ETA lo son desde el momento en que los gobiernos hablan al respecto de "salida política".

4.  Contra lo que cree Vilches, ni siquiera entre 1936 y 1945 fue el régimen totalitario ni de predominio falangista. La Falange perdió ya entonces sus pugnas con el sector católico (vea el estudio de J. Andrés-Gallego, por ejemplo). Y ya entonces el estado franquista era muy pequeño (y relativamente eficiente), lo que excluye de entrada el totalitarismo. Sorprende que a estas alturas un historiador pueda ignorarlo. Le recomiendo, de nuevo, mi Años de hierro, y si quiere le daré los datos correspondientes.

Pasa luego el señor Vilches a examinar lo que llama "tópicos franquistas", a los que opone unos tópicos de izquierda hoy ya desacreditados:

1. El franquismo derrotó una revolución en marcha desde 1933. En 1934 se intentó la revolución desde fuera del poder y Franco contribuyó a vencerla. Desde febrero de 1936 se desató un proceso revolucionario desde el poder y desde la calle. No sé si Vilches cree compatible con la democracia liberal la marea de incendios de iglesias, registros de la propiedad, periódicos y sedes de la derecha, asesinatos culminados en el del líder de la oposición, ilegalidades del gobierno y amparo de éste a la oleada de crímenes, etc. Por mi parte no creo en esa compatibilidad.

2. ¿Franco no libró a España de la Guerra Mundial? ¿Entonces nos metió en ella? Primera noticia. ¿O fue Hitler quien no la quería y se lo impidió a Franco, como vienen a decir Preston, Marquina y tantos? Ahí entramos en el campo del disparate puro y duro. Franco tuvo una deuda de gratitud con Alemania y la pagó mediante la División Azul, que luchó contra el stalinismo. Los vencedores anglosajones debieron muchísimo a la neutralidad de Franco, más que los alemanes a cooperaciones menores. Y los vencedores "que trataron a España como un país derrotado y sin redención posible", dice Vilches, incluían a Stalin, el mayor ganador de la guerra y a quien los anglosajones hicieron mil concesiones. Por supuesto, España no fue tratada como derrotada y sin redención: más bien fue España la que derrotó al maquis y al injusto aislamiento impuesto. El señor Vilches fantasea con que "los soldados norteamericanos, como hicieron en Italia, se hubieran paseado de Sur a Norte por España". Nuevo error garrafal: los anglosajones distaron mucho, pero mucho, de pasearse por Italia y, por alguna razón (a ver si Vilches la acierta), prefirieron no meterse en la aventura de otro "paseo" por España.

3. El apoyo mayoritario a Franco no es un tópico, sino una realidad. Quienes luchamos contra el franquismo lo sabemos por experiencia, y lo he explicado en Franco para antifranquistas. Una razón de peso es que la gente había sufrido en sus carnes las "maravillas", de la república y el Frente Popular, con las que la gente identificaba, erróneamente, la democracia liberal; confusión en la que siguen cayendo muchos hoy, a izquierda y derecha, incluyendo al señor Vilches, según parece. Otra razón es que el franquismo derrotó el aislamiento, reconcilió al país y lo elevó a la mayor prosperidad en siglos, cosas que el señor Vilches desdeña pero que los españoles de entonces apreciaban mucho. Otra razón es que aunque las libertades políticas estaban restringidas –no anuladas– existía una gran libertad personal y el estado se entrometía menos que ahora en la vida particular de las personas.

Un tercer apartado me parece que no mejora su exposición historiográfica:

1. La comparación con el caso alemán solo revela la total falta de perspectiva histórica. Alemania perdió la guerra, España no; Alemania fue aniquilada como nación, quedó dividida largo tiempo y su democracia fue construida y tutelada por la ocupación militar. Quizá el belicoso señor Vilches deseara algo parecido para España después de lo que imagina "un paseo" de los soldados useños. Bien, yo no lo prefiero. Aquí es cuestión de preferencias, como en el caso del Frente Popular. En cuanto al PSOE, principal causante y organizador de la guerra civil y una catástrofe para la democracia actual, no lo hicieron las elecciones, como él supone, sino una campaña artificial tremenda por parte de casi todo el mundo. Le voy a recomendar otro libro: La Transición de cristal, que quizá le dé algo que pensar.

2. El franquismo no "pasó del apoyo a nazis y fascistas durante la II Guerra Mundial a definirse como régimen ‘típicamente español’". Se definió siempre como esencialmente español, y por eso, entre otras cosas, no entró en la guerra mundial. También se definió como católico, con la aquiescencia de Roma. El complejo de inferioridad no lo tenían los franquistas ni los españoles de entonces, sino que lo ha cultivado intensamente el antifranquismo. En España existía el imperio de la ley –quizá más que en nuestra partitocracia–; lo que no existían eran partidos oficiales (salvo las "familias" del régimen). Y finalmente, la obra del franquismo ha permitido una evolución democrática que nos debemos a nosotros mismos y no a los "paseos de los soldados estadounidenses". Esto a mí me parece bien, a Vilches mal. Cuestión de gustos, nuevamente.

3.  El franquismo no se apropió de la españolidad y sus símbolos: los recogió del suelo donde eran pisoteados por quienes oponían los "viva Rusia", "Viva la república" o "Viva Euzkadi" a los "viva España". Fue el franquismo quien salvó la bandera tradicional contra la estrafalaria bandera "republicana".

4. La idea del franquismo sobre España, con todos sus defectos, es mucho más adecuada a la realidad histórica que las invenciones de los antifranquistas, separatistas, Tuñón de Lara, Tusell y similares.

5. La Iglesia apoyó al franquismo porque éste la salvó, literal y físicamente, del genocidio. Después, gran parte de ella se volvió pro marxista, bastante proetarra y proseparatista. Si Vilches prefiere a esa Iglesia, es cosa suya, pero eso no le autoriza a invertir la realidad de los hechos: cuando la Iglesia vio menguar rápidamente sus filas fue cuando adoptó esa orientación y no antes.

Creo que Vilches es especialista en el siglo XIX. Pero por lo que se refiere al XX, y a la república y al franquismo en particular, me parece que adopta acríticamente una retórica cuyo origen se halla históricamente en la Comintern, mezclada con un peculiar liberalismo dogmático (es decir, poco liberal), que pasa por alto o inventa los datos históricos constatables.

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