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El caso japonés

Ninguna obra humana está a salvo de errores o accidentes. De hecho la vida humana está continuamente expuesta a ellos y no por eso dejamos de realizar mil tareas potencialmente peligrosas.

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El ecologismo pertenece al rango de las ideologías histéricas –todas lo son en alguna medida–, es decir, que combinan el catastrofismo sobre el futuro con el embuste sobre el presente. Convendría hacer una lista, que creo sería muy larga, sobre las mentiras y manipulaciones de datos de los ecologistas desde que ese movimiento aparece como ideología. Y también sobre sus profecías fallidas. Resultaría muy instructivo, creo. Sus soluciones resultarían tan caras en la práctica que empobrecerían y llevarían el hambre a la mayor parte de la humanidad, algo que no parece preocuparles demasiado, porque una de sus tesis es que el ser humano constituye una especie de cáncer del planeta. Algunos de ellos lo admiten y calculan la conveniencia de reducir la humanidad hasta a la décima parte de su volumen actual, sin preocuparse demasiado del método para ello. Quizá lo mejor sería precisamente el hambre, al estilo de la Gran Hambruna irlandesa.

Una de sus consignas típicas durante muchos años fue el rechazo a las centrales nucleares, con las que muchos países han reducido su dependencia de otras energías, las cuales también condenan los ecologistas, en particular las fósiles. Las nucleares supondrían una amenaza espantosa e incontrolable, tanto por los residuos radiactivos como por la posibilidad de accidentes terriblemente mortíferos. En la práctica, el problema de los residuos se ha resuelto de forma bastante razonable, y los accidentes en las centrales nucleares han sido muy raros, y cada vez mejor controlados (los accidentes en embalses han causado muchas más víctimas), lo que ha ido desinflando aquel movimiento tan popular durante decenios, sobre todo en medios juveniles.

Y, en efecto, ninguna obra humana está a salvo de errores o accidentes. De hecho la vida humana está continuamente expuesta a ellos y no por eso dejamos de realizar mil tareas potencialmente peligrosas. Ahora, los ecologistas explotan lo ocurrido en Japón para volver a la carga. No sabemos aún qué dimensiones adquirirá el desastre de la central de Fukushima, pero sí que para crear el problema ha sido precisa la combinación de uno de los terremotos más fuertes de la historia con un tsunami, un hecho muy improbable en Japón, una de las zonas más sísmicas del mundo, y muchísimo más improbable en Europa, donde los terremotos son mucho más infrecuentes y de menor intensidad, incluso en el área del Mediterráneo. Sabemos también que la experiencia no caerá en saco roto y la seguridad mejorará en el futuro.

El pensamiento histérico genera histeria, y esta es la peor de las actitudes ante una catástrofe.

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