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Madrid, tenemos un problema

El PP sólo tiene una salida, que son las primarias. Claro que es más fácil ver un cerdo volando por encima de Génova, que diría Toshack.

Raúl Vilas
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En política no basta con ser un buen gestor, también hay que parecerlo. Ana Botella ha reducido sensiblemente la gigantesca deuda que heredó del faraón de Ambiciones. No era fácil y lo ha hecho sin masacrar a los contribuyentes como Montoro. Esta debería ser la prioridad de cualquier alcalde sensato en un Ayuntamiento que con Gallardón acumulaba más deuda (superó los 7.000 millones) que el resto de grandes ciudades españolas juntas, Barcelona incluida, que ya es decir.

Sin embargo, la percepción general es que la gestión de Botella ha sido pésima. Y es verdad que lo ha sido en un aspecto fundamental en política como es la comunicación. La imagen pública de la alcadesa ha ido de mal en peor. No lo tenía fácil, por ser la esposa de Aznar, personaje odiado tanto por la izquierda como por los actuales dirigentes del PP y sus palmeros mediáticos, y por la forma en la que llegó a la Alcadía, heredando el cargo de Gallardón sin haber ganado ella las lecciones. Eran esas rémoras muy importantes. Pero, lejos de soltar lastre, en cada aparición pública Botella conseguía empeorar aún más las cosas. Parecía empeñada en confirmar esa imagen de mujer tonta y antipática que tan efizcamente amplifican desde el duopolio televisivo que, para más inri, contribuyeron a crear su partido y su propio marido. Especialmente desastrosa fue su gestión de la tragedia del Madrid Arena, con la que cavó definitivamente su tumba política. No supo reaccionar ni cortar a tiempo las cabezas gallardonitas que relacionaban al Ayuntamiento con los chanchullos de las mafias de la noche madrileña.

Hoy y mañana, la mayoría de las crónicas y comentarios políticos dirán que Botella ha sido el peor alcalde que ha tenido Madrid. Es mentira. Nadie, ni Botella con todos los problemas que ha tenido, puede empeorar la gestión de Gallardón. Es metafísicamente imposible. Más injusto es todavía que en el PP culpen a Botella del problemón que tienen en Madrid. El descontento del votante tradicional de la derecha, que ha hecho de Madrid un feudo inexpugnable en los últimos años, tiene otras caras: Rajoy, Montoro, Soraya...

Que algunos vean en la vicepresidenta del Gobierno como una redentora que puede salvar Madrid demuestra que no han entendido nada. El PP sólo tiene una salida, que es la convocatoria de primarias, como reclama Esperanza Aguirre. Claro que es más fácil ver un cerdo volando por encima de Génova, que diría John Benjamin Toshack. Las cuchilladas y cochinadas que han utilizado para forzar la retirada de Botella, sin que nadie, empezando por Rajoy, haya tenido el coraje de dar la cara, evidencian que en ese partido impera un régimen interno de terror cobarde y obediencia al líder. De modo que sólo cabe esperar que el dedazo de Mariano designe al próximo candidato. Eso sí, no metamos prisas, que el presidente está muy ocupado en no hacer nada, y sólo él tiene ese "magistral manejo de los tiempos". Mientras, Monedero se frota las manos.

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