Viernes 13. A las siete de la mañana, veintitrés grados en la Gran Vía, truena Gabilondo en su sermón barroco: dice algo así como que la democracia está siendo violada con preservativo por los gangsters. Pongamos que habla de Madrid. Pasa al País Vasco y hace una especie de elogio contrapuesto de Elorza. Arremete contra lo pecadores que son todos, pero recalca que el PSOE más. Llega a Marbella y se demora en la descripción del espectáculo de la Pantoja amarrada a su chulo, el de la mayoría absoluta, por el paseo Marítimo. España se está “gilizando”, concluye, no sin antes haber hecho escala en Oriente Medio, en los contratos en Irak de Cepsa y Repsol y en la locura colectiva instigada ayer por Castro en La Habana y la justa sentencia del Supremo que nos obliga a pagarle a Polanco 26 millones de euros. Son las siete y diez de la mañana y Gabilondo ha disparado varios grados el mercurio desde la Gran Vía de Madrid.
Madrid, desde luego, pero también lo del hermano de Maragall en Barcelona, lo del niño Suárez en Castilla La Mancha, el panorama socialista en el País Vasco. Rotos y descosidos por doquier, con su ruido característico. La partitocracia hecha unos zorros, los zurcidores no dan abasto.
Un ola de calor sahariano derrite las sombras en Madrid y en toda España. Y, dicen, va para largo, puede ser el mes de junio más caluroso del siglo. Es tanta la calor que la sección de opinión de ABC-Vocento se ha teñido de tonos meteorológicos: “Tormenta sobre Madrid”, titula Mikel Buesa su artículo. “A pesar del calor, pactad, pactad, malditos”, encabeza el suyo Luis Ignacio Parada, alias Fregoli: mister Dato en la Ser, aquí literato y equidistante en Tele 5. Pero la clave del día la encontraremos en lo escrito por don Francisco Alonso Fernández: Los efectos psicológicos del calor. Este ilustre científico –catedrático emérito de psiquiatría y presidente de la asociación europea de psiquiatría social (sic)– dice que cuando el calor irrumpe de manera itempestiva “el impacto desfavorable se extiende a los tres estratos de la persona: la mente, la vitalidad y el organismo.”
Don Paco, como seguramente es conocido entre las huestes estudiosas de la dimensión gregaria de la psique, precisa un poco más: “Su efecto más extendido y antisocial es la tendencia a la irritabilidad y la impulsividad, con la consiguiente acumulación de los comportamientos de violencia de todo cariz, en la vía pública y en el ámbito doméstico”. Fue el calor, señor juez, lo que me puso fuera de mí, dirá el reo ilustrado. Pero hay más: “La activación de la violencia es aún mayor dentro de grupos o en el marco de una masa desconcertada”. Lo cual, unido a que “entre las gentes de pensamiento se aminora la actividad reflexiva”, que nos quedamos sin ni siquiera con los andrajos para cubrirnos las vergüenzas, en pelota picada, en cueros vivos, indefensos ante los cheques afilados que cortan como navajas de afeitar las carnes frágiles de la democracia, sobre todo la interna de los partidos.
¿Cuál fue ayer el mensaje? Ruido de cheques. Lo dijo Blanco en varios sitios, lo repitieron Carmen Chacón, en Barcelona, y Rubalcaba donde fue requerido. Cheques como sables o, mejor, como las navajas que utilizaba Luis Candelas para las distancias cortas. Una de las gracias de esta figura, que tiene su punto de metáfora, de metonimia y su pizca de sinécdoque, consiste en que esos papelitos hacen poco ruido. Hay que estar muy cerca para distinguirlo y hay que verlos para cerciorarse de que no nos están dando el timo de la estampita.
Hoy llegará, es de esperar, a la Fiscalía de Madrid el escrito anunciado por el partido Socialista y esperamos conocerlo con la velocidad habitual con que aterrizan en la prensa las cosas de Villarejo y compañía. El Confidencial aporta más datos, entre El Berrueco y La Cabrera. Otros hablan de Humanes, los de más allá de Valdedebas y las grandes operaciones en el Norte de Madrid. A este paso esto acabará como la gota fría de junio de 2003.
Pero ya ayer un letrado, Fernando Pamos de la Hoz –en dos hojas unidas a abundantes recortes de prensa–, pidió a la Fiscalía General del Estado, en nombre de alguien cuya identidad no ha sido revelada, que se abran diligencias por posible cohecho y tráfico de influencias, que es lo cree Jeús Caldera que ha habido. ¿Acabará en la de Madrid, donde se va a presentar la del PSOE, o en la Anticorrupción? Un confi de Diario Directo, Una denuncia para ‘activar’ al fiscal, nos dice que Pamos de la Hoz es un buen profesional, experto en Derecho Penal. Pero, a modo de enigma, añade: “Está vinculado –vía familiar, al parecer– con el catedrático de Derecho Penal Luis Rodríguez Ramos, y no tiene nada que ver con personajes curiosos, al menos, como el constructor Christian Jiménez –famoso por denunciar todo lo denunciable–, ni con organizaciones como Manos Limpias, autora de una inexplicable querella contra Nunca Mais, ni con sectores de extrema derecha –por su defensa del ex militar argentino Adolfo Scilingo– como algunas fuentes especularon en un principio”.
Para terminar por donde empezamos, un rumor, que no hemos visto publicado, de lo que cabría deducir que no se consigue verificar. Se podría formular así: además de militar ambos en el PSOE en un segundo plano relevante y sus relaciones más o menos indirectas con el negocio inmobiliario, pudiera haber algún otro vínculo entre el diputado electo de la Asamblea de Madrid, Eduardo Tamayo, y el actual marido de Ruth Porta –número 4 de la FSM y látigo socialista en el asunto de la funeraria de Madrid–, Enrique Benedicto Mamblona, el militante de Collado Villalba, pero también presidente ejecutivo de la Fundación Hogar del Empleado, que denunció sin éxito dentro del PSOE los negocios, presuntamente incompatibles con su militancia socialista, de Tamayo, Balbás y señora. Cherchez la femme, pero no sólo a la diputada Sáez. Qué bochorno.
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Cherchez la femme o qué bochorno
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