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Rubalcaba y Barroso

Hoy es un día de la basura. No hay nada, ni un mal rumor de relieve que llevarse a la lengua. Lo más destacado de El Confidencial es que Loyola de Palacio podía encabezar la lista de las europeas por el PP, aunque lo adorna con presiones de Rato sobre Rajoy y alusiones al entorno de éste en Génova. Más escaso todavía va su confidente, que cuenta una comida de Ana Palacio con los periodistas de Toledo con el hecho relevante de cuánto dejó de propina, aunque no dice el monto de la factura. Sin comentarios.
 
Se arriesga El Semanal Digital con su información más destacable, en la que dice que Rubalcaba y Barroso están enemistados por el amor de una mujer, Carmen Chacón, hoy vicepresidenta del Congreso y con la que ambos han estado relacionados. No estamos en disposición de confirmar dicha información. El Confidencial Digital, por su parte, sigue diciendo que el Príncipe y su prometida fueron a Bahamas y con otra pareja.
 
Si vamos a Cataluña, nos encontramos con que el director de e-noticies se pregunta intrigado por cuántas esquerras hay en ERC. La cosa viene a propósito de las diversas opiniones que se han puesto de manifiesto a propósito de la propuesta del gobierno de la Generalidad de institucionalizar con sueldo la figura del jefe de la oposición. La cabeza izquierdista en el parlamento de la Ciudadela, un poco conocido Huguet, estuvo en contra del asunto. El sucesor de Carod en el tripartito, el oscuro Bargalló, no le dio especial importancia. De ahí pasa Rius a insinuar que el auténtico hombre fuerte del partido es el que se ha venido a Madrid, Puigcercós. Mientras, Carod descansa y se prepara para el futuro. En resumen, que “Esquerra se está ganando a pulso la fama de que no es un partido sino una pandilla de amigos”.
 
Para no salir de Cataluña, nos vamos a El Periódico, donde llama la atención el largo editorial arrojadizo: El fin de la etapa de José María Aznar. Si alguien tiene curiosidad por conocerlo, resume las dos o tres ideas con las que funciona la izquierda y que está por ver que funcionen para gobernar.
 
Si no hubiéramos hablado ayer de Anson, volveríamos hoy a hablar de él, pues su canela es para la antología: Luisa Castro, la de los pechos más tristes. Quien lo lea, se ruborizará.
 

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