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Santiago Navajas

Amnesia y pseudohistoria

Lo de Ley de Memoria Democrática es un eufemismo para una Ley de Amnesia y Pseudohistoria.

Santiago Navajas
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La Ley de Memoria Democrática es una oportunidad histórica para poner sobre el tapete en la enseñanza y los medios de comunicación las cartas marcadas de la Transición a favor del silenciamiento de la criminalidad política inherente a la izquierda española. Sin duda, vivimos malos tiempos para la lírica liberal. Vox por la derecha pretende censurar a los nacionalistas progolpistas fans de Puigdemont, mientras que la izquierda hace lo mismo con los nacionalistas progolpistas de la acera de enfrente. Nada nuevo bajo el sol iliberal que nos achicharra. Cabe recordar el axioma liberal de que el compromiso con la libertad de expresión se mide por el afán en defender la voz de los discrepantes con los propios postulados. No estamos de acuerdo con las tesis de las fundaciones Francisco Franco, Sabino Arana, Largo Caballero… todas ellas un epítome de glorificación del autoritarismo y la violencia, cuando no la xenofobia. Pero mientras no pasen a la acción y únicamente editen revistas...

Lo de Ley de Memoria Democrática es un eufemismo para una Ley de Amnesia y Pseudohistoria. Amnesia porque la izquierda silencia todo su pasado de criminalidad política durante el siglo XX, también durante la guerra civil, una apoteosis de checas y traiciones a la II República (no podían evitarlo, su modelo era la URSS, no los EEUU). Pseudohistoria porque elabora una ficción justiciera cuyo objetivo no es la verdad sino el escrache partidista. Sin embargo, y a pesar del espíritu orwelliano de Carmen Calvo, todavía queda libertad de cátedra, por lo que las asignaturas podrán ser impartidas desde una perspectiva liberal que recuerde que el asalto a la II República fue cosa tanto de la derecha que admiraba a Dollfuss como de la izquierda que anhelaba a Lenin. De Franco que levantó al Ejército contra el Gobierno legítimo y de Santiago Carrillo que cometió crímenes contra la Humanidad en Paracuellos.

España podrá, al fin, afrontar la tradición violenta y sectaria que contamina a todos los partidos, del PP que fundó un ministro franquista al PSOE que creó un terrorista parlamentario (Pablo Iglesias), creció a expensas de un totalitario a tiempo completo (Largo Caballero) y torpedeó la II República a fuerza de golpes de Estado (Indalecio Prieto) y robos institucionalizados (Juan Negrín). Con menciones especiales a partidos inherentemente xenófobos como el PNV, ERC y Bildu.

Es cierto que tras esta andanada del PSOE y Podemos hay dos objetivos espurios, uno táctico y otro estratégico. El táctico tiene que ver con sacar el fantasma de Franco como cortina de humo para tapar su desastrosa gestión, en este caso los más de 50.000 muertos y la economía destruida en mitad de una pandemia que negó tres veces Fernando Simón. Yolanda Díaz, la ministra de Trabajo con los números de empleo más nefastos desde que Largo Caballero participó en el área social de la dictadura de Primo de Rivera, ha tenido la indecencia moral y la cobardía política de sacar el pasado de su padre, un sindicalista comunista, en las cárceles franquistas como una manera de desviar la atención de lo inútil e incompetente que es. Pero la oportunidad debe ser aprovechada para recordar que los comunistas estaban en la cárcel con Franco, pero no por defender la democracia sino una dictadura de signo opuesto y mucha más intensidad totalitaria.

La meta estratégica del Gobierno de comunistas y socialdemócratas (la socialdemocracia en España, que se pretendía moderada y razonable, está definitivamente muerta después de su sumisión botarate a los demagogos populistas de Iglesias) tiene que ver con el guerracivilismo que susurraba Rodríguez Zapatero a un periodista lacayo cuando pensaban que los micrófonos estaban apagados: “Nos conviene que haya tensión”.

No cediendo a los cantos de sirena de los que denominan a la mentira “moderación” y a la sumisión “diálogo”, cabe aprovechar esta Ley de Amnesia Democrática que será transformada en asignatura, y que a ciencia cierta ni el PP ni Ciudadanos derogarán, acostumbrados como están al cambalache político y la servidumbre filosófica, para alumbrar una auténtica verdad entendida como aletheia (que en griego combina el olvido con el permanecer oculto, para descubrir algo velado con el recuerdo), fundiendo libertad y conocimiento en lugar de, como es el caso, impostura e hipocresía. Si no, estimado lector, la venganza redentora e iluminada de los sectarios social-comunistas pondrá en peligro no solo la economía, como forma parte de su tradición, sino la misma democracia liberal, otra de sus costumbres. Sánchez, Iglesias y Calvo pretenden quemar a los herejes, palabra que significa etimológicamente “los que tienen otra opinión”, y con la excusa de los franquistas convertir España en un erial de pensamiento único. Como nos enseñó Miguel Delibes en su extraordinaria El hereje, seamos más que nunca los que tenemos otra opinión. Contra viento, marea y socialismo.

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