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Feminismo y ciencia

El suceso político más importante de los últimos días no ha sucedido en Andalucía ni en las autopistas catalanas, asaltadas por los golpistas, sino en una sala del Parlamento Europeo en Bruselas.

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Teresa G. Barbat, en una imagen de archivo | ALDE-Flickr

El suceso político más importante de esta semana no ha sucedido en las urnas andaluzas, conquistadas por la derecha ante la estupefacción de Susana Díaz, o en las autopistas catalanas, asaltadas por los golpistas ante la inacción de Pedro Sánchez, sino en una sala del Parlamento Europeo en Bruselas. Allí, María Teresa Giménez Barbat convocó a unos científicos a debatir sobre un interesante, relevante y pertinente tema de salud pública: la violencia contra los hombres ("Understanding Intimate Violence Partner Against Men"). Una cuestión que suele silenciarse y ocultarse en los medios de comunicación.

Por ejemplo, no había ni un solo periodista cubriendo el acto. Y, sin embargo, en un medio de izquierdas se publicó un artículo sobre el debate que era presentado como si fuese una apología de la "violencia machista". Haciendo una selección espuria de ¡tuits! inconexos y descontextualizados, el medio en cuestión manipulaba la discusión científica allí tratada, tratando de convertir el análisis de la violencia ejercida contra los hombres en un ataque contra las mujeres. Como no podía ser menos, al final del artículo incluso se colaba ¡Vox! en la información, asegurando el periodista que Giménez Barbat había "apoyado" al partido de Santiago Abascal, cuando lo que había hecho, como cualquier persona bien nacida, es solidarizarse por las amenazas y escraches que habían sufrido miembros de Vox, muy al estilo de los que soporta ella en su tierra de origen por parte del nacionalismo catalán.

La reacción demagógica y falsaria del periódico de izquierdas es sintomática de cómo se está tratando de equiparar feminismo con ideología de género. De modo que si te sales lo más mínimo de los dogmas de dicha ideología de lucha de géneros, automáticamente eres catalogado como machista. Recientemente, entrevistando a candidatos de Vox, Ana Rosa Quintana defendía en su programa que no había ningún hombre asesinado en el ámbito de la violencia doméstica, y Angels Barceló se negó en el suyo a equiparar la tragedia de los hombres asesinados con la de las mujeres. Los datos que ofrece el Poder Judicial desmienten a la primera y la más mínima dignidad refuta a la segunda.

El ataque ad hominem contra Giménez Barbat y sus invitados científicos es un suceso puntual de matonismo periodístico pero tiene causas intelectuales profundas: el rechazo y la instrumentalización de la ciencia por motivaciones ideológicas, algo común tanto en la extrema derecha como en la extrema izquierda. Por el contrario, Giménez Barbat ha presentado cuestiones en el Parlamento Europeo, siempre respaldadas por datos, para que las soluciones políticas contra la violencia doméstica se centren en la realidad empírica y las mejores tesis científicas, no en sesgos ideológicos e intereses espurios. Una de las invitadas al debate científico, Marta Castillo, tiene un muy relevante artículo en Quillette en pro de un feminismo que no dé la espalda a la ciencia y, de este modo, no degenere en una secta escorada al lysenkismo.

El proyecto que lleva a cabo Giménez Barbat en el Parlamento Europeo se titula Euromind y es un ejemplo paradigmático de lo que debería hacer un político: llevar ideas poderosas de todos los ámbitos del saber a las instituciones democráticas. El elenco de invitados es prodigioso, un lujo para la Eurocámara y un orgullo para los liberales (Giménez Barbat, una de las fundadoras de Ciudadanos, está en la Alianza de Liberales y Demócratas de Europa): de A. C. Grayling (el filósofo inglés que más y mejor se ha batido contra el Brexit) a Steven Pinker, pasando por Richard Dawkins y Michael Shermer.

En su maravilloso Castellio contra Calvino, Zweig nos advertía contra los fanáticos de toda condición y la necesidad de honrar a aquellos que enfrentan la "conciencia contra violencia". Giménez Barbat es una heredera de esa conciencia corajuda, cívica y racionalista. Honrémosla.

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