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Serafín Fanjul

Insuficiencias físicas

Stephen Hawking se descolgó de mercachifle vendedor de cambio climático y arúspice que vaticina a la humanidad un futuro entre Flash Gordon y Diego Valor

Serafín Fanjul
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Ser un buen especialista en una determinada materia no convierte a nadie en oráculo infalible sobre cuanto de divino y humano existe. Sin embargo, los medios de comunicación han acercado tanto a las gentes como difundido –mal– los conocimientos. La divulgación es positiva, pero entre otros riesgos se corre el peligro de entronizar a gurús de opinión dogmática y público fervoroso cuyo comportamiento y credulidad no difieren en el fondo de los del más beato y fanático fiel de cualquier religión.

El físico Stephen Hawking anda por Galicia en olor de multitudes, dando conferencias de prensa y de las otras. Por supuesto, no incurriremos en la osadía de discutir sus puntos de vista sobre física, hazaña para la que carecemos de la formación necesaria. Pero podemos preguntarnos si él está tan sobrado en teología, filosofía, biología, sociología, historia, geografía, meteorología y hasta química, como para hacer las afirmaciones que evacua ante un auditorio que se traga cuanto le echen (y bien deploro que esto ocurra en Galicia). El lamentable estado físico del individuo añade un aliciente morboso a las cosas que dice y me pregunto cuántos de los asistentes a sus intervenciones sabrían agregar dos o tres nombres más de físicos actuales –con o sin Nobel– y cuáles son sus teorías.

Pero el científico inglés, tras apabullarnos con agujeros negros, energías no menos oscuras y muy atramentosas materias, largó algunas salidas que no parecen responder a conclusiones científicas sino a ocurrencias para burlarse de los oyentes, después de saquearles los bolsillos; mezcló vaguedades anunciando corolarios que, como mínimo, están en veremos (la Ciencia sustituirá a Dios, lo cual está por ver y ya se decía hace cincuenta, cien y más años); no contestó –obviamente porque no puede– a preguntas básicas (el origen de la materia; la Creación; nuestra relación con Dios y Su relación con nuestras vidas, o no; el factor de equilibrio social y de búsqueda del Bien que procura la religión, etc.). A nada de esto respondió, se limitó a chuscadas de una superficialidad sonrojante (o al menos, así aparece en las reseñas que he leído), como descubrir que la ciencia liquida los milagros. De manera más familiar y doméstica, hace años que sabemos que la luz eléctrica acabó con trasgos, brujas y aparecidos y con la mayor parte de los fenómenos paranormales conocidos como milagros. En realidad, nada nuevo, nada que afecte al fondo del hecho religioso.

Tras epatar un poquito a los profanos (que somos la inmensa mayoría) con su jerga y sus conceptos de especialista (quienes lo somos en alguna materia rara conocemos el truquito) y soltar algunas obviedades acerca de fenómenos físicos explicados en ese plano, se descolgó de mercachifle vendedor de cambio climático y arúspice que vaticina a la humanidad un futuro entre Flash Gordon y Diego Valor. Tanto estudiar para terminar recalando en los tebeos de nuestra infancia, adobados con gemidos sobre el cambio climático y paseos bien remunerados que, burla burlando, endulcen la catástrofe (a él). A partir de sus incursiones en el calentamiento y bla-bla, un servidor ya no se cree nada de lo que diga este hombre. Ni siquiera sobre las energías negras, o subsaharianas, si lo prefiere.

Más arriba aludía a la historia, pues bien, en estos días, tras las lluvias torrenciales y las consiguientes inundaciones en levante, ya se han alzado las inevitables voces aclarando que "nunca ha habido lluvias de estas características, es un fenómeno nuevo, etc." (dejando el sobreentendido de los puntos suspensivos a gusto del oyente), cuando sabemos que en los últimos quinientos años se han producido diluvios y desbordamientos similares en más de doscientas ocasiones y en los mismos lugares. Y si alcantarillas y atarjeas están obstruidas, o se construye en ramblas y riberas, no es un problema de cambio climático sino de incuria administrativa.

Pero Hawking, por la vía de las sugerencias, las perogrulladas y las medias palabras, no nos aporta la luz de la ciencia, sólo pretende robarnos la esperanza. Y de paso darse garbeos por el mundo con gastos pagados.

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