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Thomas Sowell

Defender lo que impide salir de la pobreza

En un mundo donde la mayoría de los negros no llega a terminar el instituto y en el que el índice de delincuencia entre los negros es varias veces la media nacional, tiene que haber prioridades más urgentes que preservar una identidad y un estilo de vida.

Thomas Sowell
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A veces no sabemos la suerte que tenemos. Yo no me consideré precisamente afortunado cuando a los 17 años me fui de casa y descubrí a las bravas que no había una gran demanda de adolescentes negros sin experiencia ni habilidades y que hubieran dejado los estudios. Sin embargo, con la perspectiva que da el tiempo, aquellos días de lucha para ganar dinero suficiente como para pagar el alquiler de la habitación y comprar comida me dejaban poco tiempo y energía para perder el tiempo dándole vueltas a cosas como "la identidad".

Esto me vino a la cabeza hace poco, cuando leí una noticia de portada sobre los negros de clase media preocupados por su identidad racial. Allí, en la portada del Wall Street Journal, había una imagen de un adolescente negro a quien su madre arreglaba el nudo de la pajarita mientras se vestía de smoking para asistir a un baile de etiqueta. Yo nunca tuve el problema de tener que vestir de smoking para asistir a un baile formal, así que me resultó difícil compartir su angustia. A la edad de ese chico sufrí auténticos problemas que me enseñaron lecciones reales que recordar cuando las cosas mejoraron, no problemas producto de mirarse el ombligo, que pueden llegar a distraerte de la realidad durante una vida entera.

Parece ser que hay negros de clase media que dedican un montón de tiempo y energía a preocuparse por la pérdida de sus raíces y del contacto con sus hermanos negros del barrio. En cierto sentido es bueno que haya personas que piensen en los menos afortunados en lugar de en sí mismas. Eso está bien, pero al igual que la mayoría de las cosas buenas, pueden llegar al punto de convertirse en algo ridículo y a la vez contraproducente para todos los involucrados. En un mundo en el que una gran mayoría de niños negros nacen y crecen en hogares sin padre, donde la mayoría de los chicos negros no llega a terminar el instituto y en el que el índice de delincuencia entre los negros es varias veces la media nacional, ciertamente tiene que haber prioridades más urgentes que la preservación de una identidad y de un estilo de vida.

Tras pasar décadas investigando grupos raciales y étnicos en países de todo el mundo, prestando atención especial a aquellos que comenzaron en condiciones de pobreza y después progresaron hasta alcanzar la prosperidad, todavía no he encontrado a ninguno tan preocupado por su identidad tribal como para desear mantener la solidaridad con todos sus miembros al margen de lo que hagan o de cómo lo hagan. Cualquier grupo que progresa tiene que poseer sus normas, y esto significa repudiar a aquellos que las violan, si es que se toma en serio a sí mismo. El tribalismo ciego conlleva dejar que el mínimo común denominador determine las normas y el destino del grupo entero. Hubo un tiempo en el que la mayoría de los negros, al igual que la mayoría de los irlandeses o de los judíos, entendía esto como una simple cuestión de sentido común. Pero eso fue antes de los años 60, que fue cuando la idealización de la identidad se fue generalizando.

En los Estados Unidos del siglo XIX, la Iglesia Católica se ocupó de modificar el comportamiento de los inmigrantes irlandeses atenazados por la pobreza a fin de prepararlos para prosperar en la sociedad estadounidense. A medida que esa transformación se realizaba, los carteles a la puerta de los centros de trabajo en los que se leía "Irlandeses abstenerse" fueron desapareciendo en el siglo XX. Lo mismo hizo la comunidad judía, que se esforzó por cambiar el comportamiento de los inmigrantes procedentes de Europa Oriental con el objetivo de que se integrasen mejor, y prosperasen, en la sociedad estadounidense.

La Liga Urbana y otros grupos negros similares hicieron esfuerzos similares para preparar a sus compañeros para prosperar en la sociedad americana. Esta labor comenzó a dar fruto en las dramáticas reducciones de la pobreza entre los negros, antes incluso de las leyes de derechos civiles de los años 60.

La pregunta que permanece sin respuesta es por qué un enfoque de eficacia demostrada, no solamente en la sociedad estadounidense sino en varios países más de todo el mundo, se ha visto sustituido por una filosofía de identidad tribal que se sobrepone a las cuestiones de comportamiento y rendimiento. Parte del problema es la ideología "multicultural" que afirma que todas las culturas son igualmente válidas. Si ya es difícil saber qué significa eso exactamente, mucho más es tomarlo en serio como guía para la vida en el mundo real. ¿Acaso derrochar tiempo y energías en la música rap y en llevar pantalones que dejan ver los calzoncillos como los tipos de las cárceles y considerar esto una seña de identidad proporcionará a los jóvenes el mismo beneficio que aprender matemáticas, informática o lengua?

La auto-indulgencia idealista y el autoengaño son cosas que algunas personas se pueden permitir cuando llegan al punto en el que se pueden permitir sufrir angustia identitaria. Pero otros muchos millones de personas seguirán inmersas en la pobreza si siguen creyendo en esas cosas.

Thomas Sowell es doctor en Economía y escritor. Es especialista del Instituto Hoover.

© Creators Syndicate, Inc.

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