El jueves 22 de agosto, Tele 5 emitió un reportaje que puede, una vez más, demostrar la complicidad del gobierno cubano con el narcotráfico. El trabajo ha sido realizado por la agencia audiovisual Atlas y, en su mayor parte, ya fue emitido en la misma cadena el 24 de agosto de 2001.
Con cámaras ocultas, los reporteros españoles han grabado la negociación de una compra semanal de ocho kilos de cocaína de gran pureza con uno de los jefes de un clan de narcotraficantes de La Habana. Alejandro, reportero de la agencia, nos relata su experiencia: “Trabajar en Cuba ha sido todo un reto. Allí, cualquier periodista que vaya a trabajar debe acreditarse en el Centro Internacional de Prensa. Del equipo que fuimos, dos periodistas se acreditaron y otros dos, entre los cuales me incluía, pasamos con las cámaras ocultas como simples turistas. Antes de llegar a La Habana, en Sevilla, estuvimos viviendo una temporada en una barriada marginal para conocer el mundo de la droga, aprendiendo a hacer pruebas para determinar su pureza y el modo en que la negocian los narcotraficantes”.
Los redactores llevaron las microcámaras adheridas a su propia ropa. De ser descubiertos, podrían haber sido acusados de espionaje contra la Seguridad del Estado, juzgados por un Tribunal Militar y condenados a la pena de muerte. Ya en la isla, Luis fue el primer camello de barrio en ofrecer cocaína a los reporteros. Les llevó a su casa y les enseñó la droga. Luis les aseguró que él no se dedica a eso, pero que puede conseguirles lo que haga falta. Según sus palabras, “en Cuba la droga está al alcance de cualquiera”.Durante varios días, uno de los reporteros se ganó la confianza de Luis y de su mujer; logrando así que les pusieran en la pista de la persona que les proporcionará la droga. El contacto se llama Didier. Se trata del segundo escalón de este grupo de narcos que operan en La Habana.
Didier también prefirió negociar en su casa. En ella se siente protegido de las miles de cámaras que controlan la ciudad. Cámaras de circuito cerrado que se encuentran en cada esquina, junto a las farolas y en las zonas más transitadas por los turistas. En su casa, Didier ofreció al reportero sexo fácil y barato. Una de sus vecinas bailó desnuda ante los españoles. Es sólo una muestra de la prostitución –en muchos casos infantil– que se ejerce en la isla-cárcel. Los reporteros comenzaron entonces a utilizar los contactos que establecieron en España para hacerse pasar por narcotraficantes. Explicaron a los cubanos que muchas de las rutas que se utilizaron para introducir la cocaína en España desde Colombia están “quemadas”. Les propusieron abrir nuevos caminos que pasen por Cuba.
Ellos, los cubanos, serían los encargados de conseguir la droga, al menos ocho kilos por semana. Los españoles comprobaron que la cocaína que les ofrecían es de gran pureza y comenzó la negociación. “El Anillos”, principal contacto de los reporteros en La Habana, les explicó que “no va a haber problema” y les aseguró que puede poner la droga fuera de los controles del aeropuerto y también salvar la vigilancia y el control de la Policía del régimen. Por último, añadió con absoluta confianza: “Por la seguridad despreocúpate, que yo no más le debo a uno que es el gobierno y el gobierno aguanta de mí lo que quiera”.
Pocos días después de que por primera vez se emitiera este reportaje, el 27 de agosto de 2001, Libertad Digital se puso en contacto con la Embajada de Cuba en España. La señora embajadora se encontraba en la finca de Castro pero, después de mucho insistir, pudimos hablar con Juan Astiazarán, el encargado de los negocios del Máximo Líder en España. Esperábamos el anuncio de una querella criminal contra Tele 5 y contra la agencia Atlas. Sin embargo, don Juan no parecía muy indignado. Cuando un canal de televisión acusa a su gobierno de complicidad con el narcotráfico, la sede diplomática de Cuba en España responde de esta manera:
Libertad Digital.- Don Juan, quería pedirle una respuesta al reportaje que sobre su país emitió Tele 5. Siempre que se han denunciado delitos como estos, los países implicados han respondido de alguna manera, se han querellado contra los acusadores o se han producido detenciones, o...
Juan Astiazarán.- ¿Qué delitos se han denunciado?
L. D.- Que en la capital de Cuba hay tráfico de cocaína a gran escala y que el gobierno...
J. A.- ¿Cómo se sabe que es La Habana?
L. D.- Se ve en el reportaje.
J. A.- Bueno, eso puede ser La Habana o cualquier otro lugar.
L. D.- ¿Pudo usted ver el reportaje?
J. A.- Sí.
L. D.- ¿Qué le pareció?
J. A.- Bastante burdo. Parece hecho por James Bond.
L. D.- Ustedes no han negado lo que el reportaje denuncia.
J. A.- No. No merece la pena. Ahí ponen unas cosas que supuestamente ocurren en La Habana, son gente hablando, pero...
L. D.- Se veía claramente que los hechos ocurrían en La Habana.
J. A.- Cualquiera puede tomar vistas de La Habana:
L. D.- Incluso en el reportaje puede verse como la policía cubana vigilaba a los periodistas españoles.
J. A.- Por grabar a diez policías en una calle no se puede decir por eso que les están vigilando. Yo aquí, en Madrid, puedo tomar con mi cámara a ocho policías españoles y luego decir que me estaban vigilando.
L. D.- Aparecieron varios kilos de cocaína.
J. A.- ¿Quién dijo que esos polvos blancos era cocaína?
L. D.- Los periodistas españoles que la probaron.
J. A.- ¡Ah! Ellos lo dicen. Nosotros tenemos la imagen bien limpia es este tema. Todo eso es una falacia, una intriga, no tuvo repercusión ninguna y no tenemos nada que responder.
L. D.- Los gobiernos normales responden ante estas acusaciones.
J. A.- Sería ridículo. De todas formas el documento ya lo hemos enviado a Cuba. Haremos lo que tengamos que hacer.
Ha pasado un año y no han hecho nada. Ni se han querellado contra los periodistas españoles, ni han informado de que hayan abierto investigación alguna. Castro no se va a investigar a sí mismo. Su locura no llega a esos extremos. En todos los países hay droga y se trafica con ella, pero cualquiera que sepa de la realidad cubana y de la eficacia represora de la policía castrista, sabe también que es imposible que en La Habana aparezcan 8 kilos de cocaína sin que lo permita el Gobierno y la Seguridad del Estado. Héctor Carbonell, después de elogiar el trabajo de los periodistas españoles, asegura, en la página 169 de su libro Bolívar en llamas, lo siguiente: “En una sociedad policíaca como la cubana, donde el Ministerio del Interior puede averiguar a que hora sale de su casa cualquier ciudadano y a que hora regresa, a través de los Comités de Defensa de la Revolución, donde hay un informante en cada centro de trabajo, no es posible imaginar que se pueda introducir droga y distribuirla al por mayor, sin la rentable complicidad de los más altos niveles de gobierno”.
“El Anillos” puede tener problemas, pero no por narco, sino por dejarse grabar con una cámara oculta. En cualquier caso, ocho kilos no son nada comparados con dos toneladas. El pasado 13 de junio, el carguero “Winner”, sospechoso de transportar dos toneladas de cocaína desde Cuba a España, fue capturado cerca de la Islas Canarias. El barco –custodiado militarmente– llegó el 26 de junio al puerto de Brest, al oeste de Francia. La captura se produjo gracias a una operación conjunta de las autoridades norteamericanas, griegas y españolas.
Según la ONU, el 80% de la droga que sale del Colombia pasa por el Caribe.
Noticias de Cuba: Narcotráfico en la finca de Castro
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