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La víctima del miedo y de la mediocridad

Leopoldo López carga sobre sus espaldas el crimen más insufrible para el régimen chavista: el de ser una persona decente.

Xavier Reyes Matheus
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Leopoldo López carga sobre sus espaldas el crimen más insufrible, el agravio más urticante que puede haber para el régimen chavista: el de ser una persona decente. Joven, inteligente, bien parecido, nacido en una familia de reconocidos empresarios y filántropos, alumno destacado de la Escuela Kennedy de Harvard, con unas aptitudes para la política y para la gestión bien exhibidas ante los venezolanos desde que comenzó, con perspectivas de auténtica promesa, su ya larga carrera política…Imagínese qué ofensa y qué provocación es ese currículum cuando uno es un mequetrefe sin estudios ni mérito, cuya sola presencia falta el respeto a la majestad de las instituciones públicas; un cualquiera al que basta ver encumbrado en funciones de gobierno para que no se necesite más prueba del grado de descomposición al que han llegado un Estado y una sociedad. ¿Quién se puede sentar tranquilo, como Macbeth, a comer en la mesa áulica, y que las fuentes de plata le devuelvan la imagen de un tirano y de un usurpador, sin que la sombra del noble Banquo le atragante los bestiales bocados?

Leopoldo López es mucho menos un adversario político que el objeto de un odio que no tiene cura, porque es el de los resentidos y los mediocres, y esperar algo de ellos sería pedirles, precisamente, la elevación moral para la que están negados. En tales manos, la situación del líder confinado a la cochambre de Ramo Verde es alarmante, porque existe el peligro de que sus captores caigan en la cuenta de que, aun reducido a su mínima expresión como individuo, un hombre de bien es bastante más que ellos y su miseria, aunque ésta la cubran ridículamente de galones y de charreteras. Entonces, quizá, la ineptitud sin límites y la brutalidad que caracterizan todas sus acciones les sugieran una solución más extrema, un remedio que juzguen definitivo para esa comparación insoportable.

Quizá sea una malísima idea comparar a Leopoldo con José Antonio Primo de Rivera, sabiendo que lo de "fascista" es el burladero en el que vive siempre cobardemente refugiada la violencia del chavismo. No: política e ideológicamente, López se parece muy poco al fundador de la Falange. Pero la anarquía y el pistolerismo que hoy reinan en Venezuela evocan mucho aquellos días del 36 en los que José Antonio permanecía tras los barrotes de la cárcel Modelo. Y el estallido de un conflicto pende como una espada de Damocles sobre la cabeza de los venezolanos; no por la reacción de ninguna derecha, sino antes bien por el enfrentamiento de las diversas pandillas y mafias que conviven en el chavismo. En Venezuela, bajo este régimen, mueren 25.000 personas al año: no hará falta que el día de mañana, cuando se haga la cuenta de semejante legado, sea la estampa de un mártir la que cifre su memoria de odio y de devastación.

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