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Zoé Valdés

Entre vergüenza y venganza

Cuando un presidente español confunde la justicia con la venganza, y la vergüenza con el indulto, la cosa se pone sumamente grave.

Zoé Valdés
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Hace algunos años debí convertirme en protagonista, muy a mi pesar, de una polémica baldía. La hija de un general castrista fusilado (que vivió muy bien hasta que a Fidel Castro lo trabaron los de la DEA en el tráfico de droga), esposa de un terrorista, me emplazó en el más importante periódico español: ante mi demanda de justicia para los cubanos, ella imponía, como buena oportunista que es la frase mágica, la "no venganza".

No debíamos ser "vengativos" y blablablá… Lo de siempre, ellos pueden hacer y deshacer hasta que les toca, cuando les toca el arañazo entonces se vuelven muy pacíficos y divertidamente antivengativos. Subrayo que esto lo decía una hija de general que llevaba un curriculum de asesinatos y proyectos increíble, y del marido ni les cuento.

El asunto es que, como me enseñó mi abuela, no me quedé dada, y le respondí en el mismo periódico, pues eran otros tiempos y todavía El País se respetaba algo. A la palabra venganza le añadí la de la vergüenza, justicia con vergüenza; y ahí quedó la cosa. A mi favor, claro.

Antes de la polémica, la señora me llevó a los tribunales por un comentario en mi blog en el que se aludía a ella y al marido. Ganó ella el juicio contra mí, pues fue defendida por una abogada chilena; ya sabemos que, como decía un amigo mío chileno, en Francia ser chileno es "una profesión". Y porque además ella se puso a lloriquear y armar su show de hija de fusilado por Castro, olvidando que también era hija de un general de Castro… Además, debido a aquella maldita coma mal interpretada, que no mal puesta, que aparentaba que se la llamaba terrorista a ella también.

Sin embargo, en el juicio con el marido gané yo. El muy bruto había escrito un libro que publicó Tusquets donde contaba sus aventuras de Terro, así mismo se hacía llamar, el Terro, por terrorista; mientras secuestraba familias argentinas y banqueros italianos. El día en que Cuba sea libre el Terro tendrá que ser juzgado; el antecedente lo aporté yo en París, ganándole el juicio en los tribunales franceses.

Cuando un presidente español confunde la justicia con la venganza, y la vergüenza con el indulto, como cualquier hija de traficante y esposa de terrorista, la cosa se pone sumamente grave. Digamos que ese presidente español está cavándose su vereda hacia el banquillo de los acusados por cómplice de sedición; porque es de eso que están acusados y que están cumpliendo condena los presos separatistas catalanes: de querer romper España, de dar un golpe de Estado.

Resulta como mínimo extraño que sea un presidente español quien llame a la "no venganza" y al indulto contra el pueblo español que lo eligió, normalmente para que defendiera lo que estos quisieron romper. De modo que, si nos ponemos, el desliz de Pedro Sánchez equivaldría a una coma mal leída, o sea, mal interpretada, y por esa misma razón pudiera ser conducido –digo yo– al menos a una investigación, para que podamos concluir qué pretende este señor, quien a mi juicio es con ventaja lo peor que le ha sucedido a España. Recuerden que siempre subrayé no de ahora, desde el primer día, que Pablo Iglesias era un comunista con toda evidencia, no lo negaba; pero que Pedro Sánchez era un podemita tras un disfraz de socialista. Y ahí lo tienen, servido en bandeja de plata.

De lo que resulta que alguien debe recordarle a este señor lo que significa la vergüenza, pero por encima de todo lo que quiere decir representar a los españoles, servirles como presidente, y no a la inversa. Pero me temo que ya sea demasiado tarde para que pueda entender que nunca será rey, sólo eso, lo que es mediante moción de censura.

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