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(05-06-03) La escritora Maruja Torres llama "hijos de puta" a todos los votantes del PP

Si no fuera por esta exhibición de totalitarismo, la entrevista que publicó el “Diario del Barcelonés” con la escritora Maruja Torres habría pasado inadvertida. Lejos de admitir el juego democrático de unas elecciones como las del 25-M, la columnista de “El País” muestra su ira porque la guerra de Irak no hundió a Aznar.

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(Libertad Digital) La edición electrónica del "Diario del Barcelonés" –una de las publicaciones regionales del grupo Editoriales Cibeles– publicó el 30 de mayo una entrevista con la escritora y periodista Maruja Torres. Está claro que el conductor de la pieza buscaba algún exabrupto. Pero fue tal, que lo perdió en cuerpo del texto sin darle categoría de titular. Eligió en su lugar un nada atractivo “Lo bueno o malo del periodismo es que es reflejo de la realidad”. Pero si en un titular hay que encontrar el reflejo de la esencia, el periodista habría optado por el siguiente, algo extenso pero tan textual como el anterior: “Por cada millón de personas que se manifestaba existían cuatro millones de hijos de puta que callaban sabiendo que iban a votar a Aznar”. Tal vez, la economía tipográfica le llevó a buscar el otro.

Sin embargo, en la entradilla de la entrevista se nos advierte: “La escritora Maruja Torres afila su lengua mientras volvemos en coche de la charla en la que ha participado en La Mina sobre la imagen que dan los medios de comunicación sobre los barrios periféricos”. Nada hace pensar que un poco más abajo, la entrevistada va a demostrar su escaso talante democrático. Tanto afiló su lengua Maruja Torres que terminó por cortarse. Pese a que el asunto de la “charla” son los barrios periféricos –común en este tipo de publicaciones– el entrevistador entra por los resultados de las elecciones municipales del 25 de mayo. La popular escritora contesta

“Estoy un poco revulsiva (...) lo que me molesta mucho es que la gente haya votado a Ana Botella”.

Tras la primera muestra de espíritu democrático –no critica a la candidata sino al votante por elegir lo que ella no quiere– el periodista aprovecha: “Ya que ha hablado de ella ¿qué opinión tiene de Ana Botella?”. Torres contesta:

“No tengo opinión sobre ella. Yo lo que quiero es hacerme de la Asociación Nacional del Rifle ahora que ha dimitido Charlton Heston. Y no digo más. No quiero relacionar ambas noticias”.

Y como ella no quiere, el interlocutor también renuncia a ahondar más en el enigma no sea que descubra términos amenazantes. Pasa pues, a otra pregunta en la que prevé obtener más jugo: “Con todo lo que ha caído, ¿a la hora de votar tenemos mala memoria?”. Se refiere, claro está a la guerra de Irak y el escaso efecto que ha tenido sobre el PP. Y la escritora responde con una alegoría ferroviaria:

“No, lo que pasa es que la locomotora avanza despacio y los vagones pesan. Y la gente que va en esos vagones es pasiva. Los bandidos atacan el tren. Pero todo se ha movido. Al salir a la calle hemos demostrado que por cada millón de personas que se manifestaba existían cuatro millones de hijos de puta que callaban sabiendo que iban a votar a Aznar. Pero ese millón que ha salido es la locomotora que se mueve”.

En definitiva, una interpretación totalitaria de lo que otros llaman simplemente mayoría silenciosa, la que suele hacer fracasar a las empresas de sondeos. Vista y oída la respuesta, el entrevistador decide ya preguntar por “la imagen de la periferia que dan los medios de comunicación”. Tras varias exposiciones sobre este asunto y otras hipótesis sobre el capitalismo, cabe destacar una última pregunta con su respuesta: “¿Combatimos el fanatismo con fanatismo?”.Conviene contrastar la contestación con su teoría de las mayorías silenciosas:

“Sí, y nos reímos porque tenemos que sobrevivir. Pero nosotros también somos fanáticos. Hay un fanatismo generalizado y lo que menos hay es tolerancia. En fin, que el mundo está hecho un desastre”.


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