
La forma en que se guardan vasos y tazas en la cocina influye en la higiene y la aparición de moho. Aunque muchas personas lo hacen de manera automática, colocar los recipientes boca abajo ofrece ventajas prácticas que van más allá del orden visual.
Mantener los vasos y tazas con la abertura hacia abajo reduce el riesgo de que partículas de polvo, migas u otros restos caigan en su interior. Incluso en cocinas limpias, el aire transporta pequeñas partículas que pueden depositarse dentro de los recipientes si se almacenan boca arriba.
Reducir la humedad y el moho
El almacenamiento boca abajo también ayuda a minimizar la humedad residual. Tras el lavado, si los vasos no están completamente secos, la condensación puede acumularse en su interior, generando olores y facilitando la proliferación de moho. Los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) advierten que el moho se desarrolla en entornos húmedos y mal ventilados, lo que convierte a la condensación persistente en un riesgo doméstico real.
Organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) destacan la importancia de mantener los utensilios de cocina limpios y secos para prevenir la aparición de microorganismos. Aunque no existe una norma específica sobre la orientación de los vasos, la combinación de limpieza, secado completo y protección frente al polvo se considera fundamental.
Para que la práctica de colocar vasos y tazas boca abajo sea efectiva, es necesario que los estantes estén limpios y que los recipientes estén completamente secos. Más allá de la higiene, hay personas que buscan mantener los vasos relucientes. Esto se puede lograr con distintos productos como el vinagre blanco para eliminar las manchas de cal o bicarbonato de sodio para limpiar residuos difíciles sin dañar el cristal. Asimismo, pasar un paño suave tras el lavado, evita marcas y conserva la transparencia.

