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El quinto bolsillo de los vaqueros: la curiosa historia del compartimento para el reloj

Levi Strauss patentó este compartimento para evitar daños en piezas frágiles. Hoy es un rastro del diseño industrial del siglo XIX que aún vestimos.

Pixabay/CC/Kranich17

Es pequeño, incómodo y aparentemente inútil. No sirve para un smartphone, apenas admite monedas y resulta poco práctico para cualquier objeto actual. Sin embargo, el llamado "quinto bolsillo" sigue presente en casi todos los vaqueros del mundo. Lejos de ser un capricho estético, su origen se remonta al siglo XIX, cuando los jeans no eran moda urbana, sino herramienta de trabajo en el Viejo Oeste.

Para entender su existencia hay que viajar a 1873, año en que Levi Strauss y Jacob Davis patentaron los primeros pantalones reforzados con remaches de cobre. Aquellas prendas estaban pensadas para mineros, agricultores, trabajadores del ferrocarril y vaqueros que necesitaban ropa resistente.

El bolsillo del reloj

En aquella época, el objeto más valioso que un trabajador llevaba encima no era un teléfono, sino un reloj de bolsillo. Estos relojes, sujetos con cadena, eran frágiles y costosos. Durante largas jornadas de trabajo físico o al montar a caballo, podían golpearse, rayarse o perderse con facilidad.

La solución fue añadir un pequeño compartimento reforzado dentro del bolsillo delantero derecho. Su tamaño encajaba perfectamente con un reloj estándar y lo mantenía protegido y pegado al cuerpo. De hecho, los primeros vaqueros se comercializaban como "waist overalls" (overoles de cintura) y contaban con cuatro bolsillos: dos traseros, uno delantero principal y este pequeño "watch pocket".

Con el tiempo, tras la popularización del reloj de pulsera después de la Primera Guerra Mundial, el reloj de bolsillo cayó en desuso. El pequeño compartimento perdió su función original, pero no desapareció.

De herramienta a icono

A lo largo del siglo XX, los jeans dejaron de ser exclusivamente ropa de trabajo y se convirtieron en prenda de uso cotidiano. El bolsillo pequeño encontró nuevas utilidades según la época. En los años 20 fue el "bolsillo de las monedas". En los años 50 y 60, muchos lo utilizaron para guardar mecheros Zippo, que encajaban casi a la perfección. También sirvió para fósforos, billetes doblados, chicles o pequeños objetos personales.

Pese a su utilidad limitada en la era del smartphone, el bolsillo se mantuvo por varias razones. La primera es la tradición. Para marcas históricas, el diseño original forma parte de la identidad del producto. Eliminarlo alteraría la silueta clásica que el consumidor reconoce al instante.

La segunda es práctica: durante décadas, la producción industrial se estandarizó en torno al patrón de cinco bolsillos. Modificar la estructura implicaría cambios en procesos y costes que no compensan la supresión de un elemento tan pequeño.

Un fósil textil que resiste

El llamado "quinto bolsillo" es, en realidad, un vestigio industrial que ha sobrevivido a casi 150 años de cambios tecnológicos y culturales. Aunque hoy resulte poco funcional, actúa como guiño a los orígenes del denim.

Curiosamente, en los modelos originales solo existía un bolsillo trasero. El segundo se añadió en 1901, convirtiendo oficialmente al pequeño bolsillo del reloj en el quinto del conjunto.

Más que un error de diseño, ese diminuto espacio es una cápsula histórica cosida a la cadera. No guarda móviles ni grandes secretos, pero sí conserva la memoria de una época en la que el tiempo no se consultaba en una pantalla, sino en un reloj protegido por unos centímetros de tela reforzada.

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