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Cables, ropa vieja y cajas vacías: por qué acumulamos objetos que no necesitamos

Un gesto aparentemente inofensivo puede convertir armarios y cajones en pequeños almacenes de objetos olvidados.

Un gesto aparentemente inofensivo puede convertir armarios y cajones en pequeños almacenes de objetos olvidados.
Ropa acumulada en un burro | Flickr/CC/My_flowers_diary

El director creativo de La Salle Campus Madrid, Jesús Alcoba, ha reflexionado en Es la Mañana de Fin de Semana de esRadio sobre una costumbre muy extendida: guardar objetos "por si acaso". Desde ropa vieja hasta cables, cajas o manuales, muchas personas acumulan cosas que rara vez vuelven a utilizar.

Alcoba explica el fenómeno con un ejemplo cotidiano: comprar un producto que incluye accesorios que realmente no necesitamos: "Te compras un gel de baño con sales y una cestita porque queda bonito, aunque nunca uses las sales ni la cesta", señala. Ese gesto, aparentemente pequeño, refleja una tendencia más amplia a acumular objetos pensando en un posible uso futuro.

El experto plantea una pregunta directa: "¿Cuántas cosas guardamos en casa para un futuro que nunca llega?" En muchos casos se trata de ropa que ya no utilizamos, objetos que ocupan cajones o aparatos que han quedado obsoletos.

Cajones llenos de "por si acaso"

La acumulación se repite en muchos ámbitos del hogar. Según Alcoba, uno de los ejemplos más claros está en la ropa: "Guardamos prendas que ya no usamos diciendo que son para estar por casa, pero luego nunca nos las ponemos", explica.

Algo parecido ocurre con los objetos del día a día. Cajas vacías, tarros de cristal o bolsas que se guardan para un uso futuro que casi nunca llega. "Bolsas dentro de bolsas, cajas dentro de cajas, tarros dentro de tarros", describe.

Los coches tampoco se libran de este fenómeno. Muchos conductores llevan en el maletero objetos que permanecen allí durante años. "Los coches están llenos de ‘por si acaso’: mapas de carreteras, cadenas que se quedan todo el verano o carpetas de seguros antiguos", comenta.

Lo mismo ocurre con teléfonos móviles antiguos o dispositivos electrónicos que se conservan por si algún día pueden volver a utilizarse. En muchos casos, explica, la motivación es el valor que tuvieron en su momento: "Guardamos cosas porque fueron caras o porque nos costó mucho conseguirlas".

Frente a esta tendencia, Alcoba propone adoptar hábitos más sencillos para evitar la acumulación. Uno de ellos es aplicar una regla simple: si entra algo nuevo en casa, debería salir algo antiguo. Jesús también destaca la importancia de aprender a desprenderse de los objetos: "Hay que desarrollar el arte de despedirse de las cosas", apunta.

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