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La 'unión de las manos derechas': la milenaria historia del apretón de manos

Agitar el brazo servía para que las dagas ocultas cayeran de las mangas. Una práctica defensiva que evolucionó hacia la cordialidad diplomática.

Agitar el brazo servía para que las dagas ocultas cayeran de las mangas. Una práctica defensiva que evolucionó hacia la cordialidad diplomática.
Pixabay/CC/bertholdbrodersen

Hoy lo hacemos casi de forma automática. Estrechamos la mano al conocer a alguien, al cerrar un acuerdo o al saludar a un colega de trabajo. Sin embargo, este gesto cotidiano tiene un origen mucho menos cordial de lo que parece. Hace miles de años, el apretón de manos no era una muestra de confianza: era una forma de demostrar que no se llevaba un arma.

La antropología y la historia coinciden en que este gesto nació en sociedades donde encontrarse con un desconocido podía ser potencialmente peligroso. En un mundo donde la mayoría de las personas portaba cuchillos o espadas, mostrar la mano derecha vacía era una señal clara de que no había intención de atacar.

Una señal de paz en tiempos violentos

La explicación más extendida es sencilla: la mano derecha era tradicionalmente la mano dominante, la que se utilizaba para empuñar armas. Al extenderla hacia otra persona y permitir que la sujetara, ambos individuos demostraban que no podían atacar de forma inmediata.

En muchos casos, el saludo no se limitaba a la palma de la mano. En la antigüedad era habitual agarrarse también el antebrazo o la muñeca. De esta forma se comprobaba que el interlocutor no escondía una daga en la manga.

Incluso el movimiento de agitar la mano hacia arriba y abajo podría tener un origen práctico. Algunos historiadores creen que ese gesto servía para intentar que cualquier objeto oculto en la manga cayera al suelo.

Un gesto mucho más antiguo de lo que pensamos

Aunque muchas veces se atribuye su origen a los caballeros medievales, la evidencia histórica demuestra que el apretón de manos es mucho más antiguo. Existen representaciones de este gesto en el mundo antiguo, especialmente en el ámbito griego.

Los griegos llamaban a este saludo dexiosis, una palabra relacionada con dexios, que significa 'derecha'. En diversas estelas funerarias y piezas de cerámica del siglo V a.C. aparecen figuras dándose la mano como símbolo de acuerdo, despedida o reconciliación.

Un ejemplo conocido es una estela conservada en el Museo de Pérgamo de Berlín que muestra a dos guerreros estrechando sus manos ante un sacerdote alrededor del año 500 a.C. Escenas similares también aparecen en relieves de Asia Menor y Anatolia.

Los romanos heredaron esta tradición y la denominaron dextrarum iunctio, literalmente 'unión de las manos derechas'. Este gesto aparecía con frecuencia en lápidas, monedas y relieves para simbolizar alianzas, matrimonios o pactos políticos.

Un símbolo de alianza y confianza

Además de la seguridad física, el apretón de manos empezó a representar acuerdos formales entre personas o comunidades. En algunas culturas antiguas se utilizaban objetos llamados téseras de hospitalidad, pequeñas piezas de metal, madera o marfil que simbolizaban un pacto entre pueblos. En muchas de estas piezas aparecía grabado el gesto de dos manos unidas, reflejando el compromiso mutuo entre las partes.

Con el paso del tiempo, el gesto fue perdiendo su función estrictamente defensiva y se transformó en una señal social de buena voluntad. El significado evolucionó desde 'no soy una amenaza' hasta 'podemos confiar el uno en el otro'.

El saludo igualitario de los cuáqueros

El apretón de manos dio un salto importante hacia su uso social moderno a partir del siglo XVII. En esa época, el movimiento religioso de los cuáqueros promovió este saludo como una alternativa a las reverencias y a quitarse el sombrero ante la nobleza.

Para ellos, estrechar la mano tenía un significado simbólico muy poderoso: colocaba a ambas personas al mismo nivel, sin jerarquías ni privilegios. Era un gesto de igualdad entre individuos. Gracias a esta filosofía, el apretón de manos empezó a popularizarse como saludo cotidiano en muchos contextos sociales.

Por qué seguimos haciéndolo hoy

A pesar de que ya no necesitamos comprobar si alguien lleva una espada oculta, el apretón de manos sigue siendo uno de los saludos más extendidos del mundo. Parte de su permanencia se explica por razones psicológicas.

El contacto físico breve activa en nuestro cerebro mecanismos asociados a la confianza y a la cooperación. En ámbitos como los negocios o la diplomacia, un apretón de manos firme suele interpretarse como señal de seguridad y fiabilidad. De hecho, incluso pequeños detalles —como la firmeza o la duración del saludo— influyen en la primera impresión que generamos en los demás.

Aunque hoy se percibe como una simple norma de cortesía, el apretón de manos es en realidad un ritual heredado de miles de años de historia humana. Un gesto que nació para evitar conflictos y que terminó convirtiéndose en uno de los símbolos universales de confianza.

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