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Ocho imprescindibles en el maletero para sobrevivir a una avería bajo el sol

Con el termómetro aún disparado, algunos de estos objetos sencillos puede ser la diferencia entre un contratiempo menor y una urgencia.

Con el termómetro aún disparado, algunos de estos objetos sencillos puede ser la diferencia entre un contratiempo menor y una urgencia.
Conductor en tráfico. | Unsplash/Dan Gold

Quedar tirado en el arcén siempre es un fastidio; hacerlo con el asfalto a más de 35 grados puede convertirse en algo más serio. Y esa es justo la combinación que amenaza esta semana las carreteras españolas: la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) prevé que el calor intenso aguante en amplias zonas de la Península y Baleares hasta que el jueves llegue un descenso térmico más claro que cierre el episodio. Hasta entonces, cualquier desplazamiento largo conviene afrontarlo con el depósito de previsión lleno, porque el calor no perdona ni al cuerpo ni al motor, y una retención prolongada o una avería se gestionan mucho mejor con un mínimo de preparación.

La base de cualquier kit veraniego es el agua, y en cantidad suficiente para todos los ocupantes: un atasco largo o una espera al sol disparan el riesgo de deshidratación, que golpea antes a niños, mayores y personas con patologías previas. Junto a las botellas, conviene reservar un hueco para comida ligera que resista el calor —frutos secos, barritas o galletas—, por si la jornada se estira más de lo previsto. La protección frente al sol es el segundo bloque imprescindible: crema solar, ya que los rayos ultravioleta atraviesan en parte los cristales, y gafas de sol más un sombrero o gorra para los momentos en que toque salir del coche.

El resto de la lista se reparte entre la seguridad y la previsión. El móvil cargado al máximo —mejor con cargador de coche o batería externa— es la herramienta clave si hay que pedir auxilio; la medicación habitual debe viajar siempre encima y conservada según indique el fabricante, porque el calor degrada ciertos fármacos.

Quien lleve mascota tendrá que sumar agua para el animal, un bebedero portátil y un sistema de retención homologado, ya que los animales encajan especialmente mal las temperaturas extremas. Y, por inesperado que suene, un paraguas cierra el equipo: desplegado en pleno arcén ofrece la sombra que no siempre hay mientras se espera a la grúa.

Lo que el calor le hace al conductor

Tener el coche bien pertrechado es solo media tarea. La Dirección General de Tráfico (DGT) insiste en que el principal punto débil suele ser quien va al volante: el calor recalienta el habitáculo, acelera la deshidratación y la fatiga, adormece los reflejos, alarga el tiempo de reacción y dispara la irritabilidad. De ahí que recomiende beber agua aunque no haya sensación de sed, descartar las comidas copiosas antes de arrancar, ventilar el habitáculo para igualar la temperatura con el exterior y, sobre todo, esquivar la franja más peligrosa del dê, entre las 13:00 y las 17:00 horas, parando a descansar al menos cada dos horas o cada 200 kilómetros.

El otro gran damnificado del calor es el neumático. Las altas temperaturas dilatan el aire de su interior y desajustan la presión recomendada, y rodar mal de presión penaliza el agarre, multiplica el desgaste, encarece el consumo y, en el peor de los casos, abre la puerta a un reventón. Por eso los especialistas aconsejan medir la presión siempre en frío y ajustarla a las cifras del fabricante, con especial cuidado si el vehículo va cargado; la DGT recuerda además que la profundidad legal del dibujo es de 1,6 milímetros, aunque por seguridad lo prudente es no bajar de los 2. Con el coche a punto y el maletero bien surtido, esos días de calor que aún quedan se afrontan con mucho más margen.

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