L D (EFE) Nacido en 1946 en Nueva York, Axel ha estado unido desde su época estudiantil a la Universidad de Columbia (Nueva York), en la que es profesor de patología y bioquímica, y en cuyo Instituto Médico Howard Hughues ejerce desde hace dos décadas.
Axel realizó sus estudios de medicina en esta universidad y se doctoró en 1970 en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, de donde pasó a investigar en el Instituto de Investigación del Cáncer de la Universidad de Columbia y en el Instituto Nacional de Salud.
Buck y Axel iniciaron sus estudios en equipo cuando ésta era una investigadora pos doctoral en el grupo de Axel en la Universidad de Columbia, y ambos decidieron no ir en busca de las proteínas receptoras de olores, sino de los genes que contenían las instrucciones para ellas. Después de varios intentos fallidos, en 1991 encontraron los genes que permitieron estudiar el sentido del olfato a través de las técnicas de biología molecular y celular moderna, y cómo el cerebro distingue entre los olores. Además, su descubrimiento sirvió de base para establecer los genes para proteínas receptoras de otras especies.
Buck, un año más joven que su colega, nació en Seattle, se doctoró en la Universidad de Texas en 1980, y en la actualidad es profesora de microbiología e inmunología y ejerce en el departamento de neurobiología de Harvard, en Boston. Desde 2002, está adscrita también al Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson, en Boston.
Axel es miembro de la Academia Nacional de las Ciencias desde 1983, de la Academia Americana de las Artes y las Ciencias (1983) y la Sociedad Americana Filosófica (2003), y en su currículo figuran premios como el Johns Hopskins (1969), el Richard Lounsbery (1989) o el de la Fundación Internacional Gairdner (2003). También miembro de la Academia Nacional de las Ciencias (2003), Buck ha acaparado otros premios de prestigio como el Lewis S. Rosentiel (1997), por su trabajo en la investigación médica básica. Después de publicar su estudio conjunto en 1991, los galardonados con el Nobel han continuado realizando investigaciones sobre el sistema olfativo, pero por separado.
Axel y su equipo se han centrado en estudiar cómo la información sensorial está representada en el cerebro, mientras que su colega trabaja en la actualidad en el modo en que los olores y las feromonas son detectados primero en la nariz y luego traducidos en el cerebro en diferentes percepciones y comportamientos.