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Brutalidad compartida

La legalización de Bildu-ETA no sólo no integra a los violentos, sino que, por el contrario, mancha de terror, locura y brutalidad los espacios que el Estado había limpiado anteriormente.

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En Elorrio, un concejal del PP ya ha sido amenazado por Bildu-ETA; tampoco se han salvado algunos medios de comunicación, entre los que estaba Libertad Digital, de ser señalados como víctimas de nuevos atentados por la coalición Bildu. Todo esto, naturalmente, era lo previsto; en cierto sentido, era sabido desde el momento que el Tribunal Constitucional legalizó a esta banda para que participara en el proceso electoral del 22-M.

La brutalidad que ha traído Bildu-ETA a las instituciones no sólo es compartida por diversos actores políticos, sino que es fruto de una falacia argumentativa que, curiosamente, han defendido los que sufren las consecuencias de su legalización. Hay que integrar a los violentos, decían los del PNV. El resultado de esa integración está a la vista: los cargos electos del PNV no quieren que se enteren los de Bildu del estado de sus cuentas bancarias. Temen que ETA-Bildu entre en acción violenta el día menos pensado. Pero, con la llegada de la brutalidad, obviamente ha llegado la hora de criticar a los brutos. Sí, sí, es el momento oportuno de mostrarle a Patxi López, autor de unas declaraciones malvadas acerca de la tranquilidad que se respiraba en el País Vasco, después de haber sido legalizada la coalición electoral Bildu por el Tribunal Constitucional, su brutalidad.

Los filo-etarras no mataron a nadie durante la campaña electoral. Tampoco amedrentaron a ningún paisano y menos aún se les ocurrió amenazar con que seguirían matando. No necesitaban nada de eso para imponer su violencia. Ellos no tenían que imitar las conductas brutales de la antigüedad para mostrar su violencia. Bastaba decir su nombre para que todos supiéramos que representaban a ETA: la banda criminal que ha matado, extorsionado y, por supuesto, seguirán haciéndolo, sin ningún otro límite que él impuesto por ellos mismos. El mismo día que el Tribunal Constitucional legitimó la entrada de ETA-Bildu en las instituciones democráticas, insisto, desapareció el concepto clave del Estado moderno, a saber, el único que tiene el monopolio legítimo de la violencia es el Estado.

Ahora cualquiera, como muestra Bildu en Elorrio, puede hacer uso de la violencia para imponer sus criterios. Eso es lo que hace la banda terroristas ETA a través de Bildu. La cosa es clara. Hay, sin embargo, un pretexto terrible, utilizado por el Tribunal Constitucional y por otros muchos estultos, menos conocido, pero que era y es el "argumento" principal para legalizar a ETA. Me refiero a esa falacia argumental que considera que la mejor manera de acabar con el terror y la violencia de ETA es integrándola en el espacio público-político. El buenismo que desprende esa falacia es tan perverso como ridículo. La gente que así "razona" es brutal, porque, aparte de no ver la principal fuerza del Estado moderno, introduce la violencia y el terror en aquellos lugares donde reinaba la paz. La legalización de Bildu-ETA no sólo no integra a los violentos, sino que, por el contrario, mancha de terror, locura y brutalidad los espacios que el Estado había limpiado anteriormente.

He ahí el resultado de las "buenas" intenciones de Zapatero: la instalación de la brutalidad, la violencia y el terror en el espacio público-político. Un paso atrás en nuestra pervertida democracia.

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