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Aguirre - Gallardón

Comparar lo incomparable

Si alguna vez tuviera que llegar a la presidencia del Gobierno de España una mujer, espero que ésta no sea otra que Esperanza Aguirre. Ha superado brillantemente todas las pruebas. A las "tratantes" en feminismos hace años que las puso en su sitio mostrándoles que la mujer no es una queja, sino una inmensa cultura. A los machos de su partido les demostró que el Estado español es liberal o no es. A los pedagogos totalitarios los zarandeó para retornar a la educación y a las humanidades como camino de liberación de una nación que corre el peligro de hundirse en 17 reinos de taifas.
 
Esperanza Aguirre ha tenido que soportar lo que no está en los escritos en su carrera política por ser mujer, liberal e inteligente, pero las progres de salón, los izquierdistas de pacotilla y los zarrapastrosos de su partido jamás le han pasado ni una. Y, ahora, viene el famoso "verso suelto", "el hombre bien preparado", "moderno", "centrista" y entregado a las fanfarrias totalitarias de los sacamantecas de la cultureta izquierdista, con las malas intenciones de siempre y las peores artes de sus mayores para ponérselo, una vez más, difícil a Esperanza Aguirre.
 
Peor para él, pues, excepto los trincones, pocos han puesto en duda que Esperanza Aguirre será la presidenta del PP de Madrid. Y, al contrario, pocos son los que no cuestionan el proceder cobarde de Ruiz-Gallardón para dinamitar la candidatura de Esperanza Aguirre. En cualquier caso, nadie discute que esta batalla la perderá el alcalde de Madrid. Y es que eso demuestra que, a veces, hay asuntos, vidas y personas que resultan incomparables. Además, comparar lo que no admite comparación puede llevarnos fácilmente a la demagogia. Sin embargo, en este caso no podemos eludir la comparación entre una persona con sentido común, o sea político, como Esperanza Aguirre y un personaje con sentido "oportunista", o sea "aristófobo", como Ruiz-Gallardón.
 
Una crea, cohesiona y enriquece el discurso de su partido, como demostró en la autocrítica que hizo en su intervención en el XV Congreso del PP. El otro, enfrenta, crispa y elude el conflicto de pareceres sin concretar qué es exactamente lo que hizo mal el PP. Concreto y pegado a la realidad es el discurso de Esperanza Aguirre. Abstracto y pamplinero el de Ruiz-Gallardón. La primera es inteligente, trabajadora, fiel a sus ideas y a su partido. El segundo es listillo, hiperactivo, pragmático y con complejo de inferioridad por no saber qué es la izquierda y la derecha. La primera tiene una idea de España. El segundo confunde popular con populista. La primera tiene corazón y el segundo vísceras. Entre uno y otro, reitero, no hay comparación.