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Cuento real

El filósofo de Albacete narró este cuento. Érase una vez un español que no dejaba de hablar de la felicidad de vivir en el extranjero. Tuvo un sueño. Dos vidas paralelas, dos simples representativos de sus pueblos, buscaban un moderno Plutarco. Lo hallaron al instante. El Rey de España apareció en escena y dijo: Zapatero, Presidente, por favor, llama a Rajoy y ponte de acuerdo con su propuesta.
 
El español siguió soñando con una nación, pero, de repente, se despertó. El murmullo de las ilusiones perdidas lo devolvieron a la vigilia. Bajó al bar de la esquina, el “Recuerdo del Porvenir”, miró a los parroquianos y entrevió la realidad. Prestó atención a las voces de la calle y consiguió oír sin dificultad la voz popular. Cuentan que el llamado por el Rey no fue Zapatero sino Rajoy, a quien se le sugirió que, como jefe de la Oposición, buscase al Presidente de la Nación para ponerse al servicio de su causa. Pues, en verdad, pocos políticos pueden compararse a ti, parece ser que dijo el monarca, en cuanto a buena disposición y mejor talante para aceptar las posiciones del adversario. Nadie como tú, amigo Rajoy, concluyó el Jefe del Estado, para defender el carpe diem. Ánimo.
 
No sé cuál de las dos partes del cuento es la verdadera. El sueño es tan trivial como obvia la realidad. El Rey, seguramente, ha hecho las dos cosas, e incluso las contrarias. Ventajas regias, apostilló el filósofo de Albacete, que no reales. Pero, al fin, pase lo que pase, el borbón tiene claro que seguirá siendo el Rey de todas las “Españas”.
 
Moraleja: Vivimos tiempos de saber a medias… Tiempos inciertos corren en la vida política. Tiempos tendremos para evaluar a los cobardes y despreciar a los traidores. Tiempos para defender el suelo del espacio público. Llegó el tiempo de la defensa de la Nación.