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La lengua viva

La Gramática puede ser divertida

Antonio Maizcurrena me señala el vicio de emplear la conjunción disyuntiva "o" en lugar de la copulativa "y". Reconozco que, efectivamente, deslizo muchas veces esa sustitución. En buena lógica la "o" debe reservarse cuando se trata de de la alternativa entre dos opciones o de una equivalencia. Sin embargo a veces puede aplicarse, en lugar de la "y", con un valor de adición de varios elementos cuando puede haber más de los señalados. Así lo permite el Panhispánico de la RAE. Lo que debe evitarse es la cursilada del "y/o". En español la "o" puede contener la "y" a diferencia del inglés. El ejemplo es el que señala don Antonio, cuando yo dije que "deben castellanizarse los vocablos marketing o factoring". Quería decir que hay más voces con esa posibilidad. Por tanto, en ese caso, la RAE me deja decir "o". Para mí es una cuestión de oído.

Gabriel Ter-Sakarian Arambarri y Pablo Padilla Velázquez me enseñan que "doblete" en Gramática se refiere a una pareja de palabras en la que una es un cultismo y la otra una derivación corriente. Por ejemplo, íntegro-entero, delicado-delgado, cátedra-cadera, parábola-palabra. Sí, pero "doblete" puede ser otras muchas cosas, siempre que se presenten por parejas con un cierto contraste. No podemos caer en el imperialismo gramatical o en el imperialismo de cualquier otro tipo. Mi punto de vista es que la lengua es un hecho social y, por tanto, puede ser estudiada por cualquiera, no solo por los gramáticos o afines.

Don Gabriel sostiene que la figura del oxímoron (dos palabras juntas aparentemente contradictorias) no tienen por qué ser un horror; pueden ser una elegante y poética figura del lenguaje. Tiene toda la razón. Yo me fijo más bien en el aspecto de caricatura, que es juntar palabras contrapuestas, simplemente por ignorancia o comodidad.

León Zeldis Mandel (Israel) opina lo mismo que don Gabriel, que el oxímoron puede ser una forma de elegancia poética. Reitero el comentario anterior.

Luis Alamillo señala que la voz "presidente" no debe admitir la forma femenina, pues procede del verbo "presidir". Lo que yo digo es que la admite. En el DRAE se recoge que "presidenta" es "la mujer que preside". Cierto es que en el pasado se decía "el presidente" y "la presidente", pero ahora se admite el femenino. También decimos "asistenta" (= criada) o "suripanta" (= corista, mujer de vida alegre o liviana). Lo que no se debe decir es "miembra", aunque algunas feministas y feministos dejan caer ese terminacho.

Isabel-Clara Cruces Roldán se fija en el adjetivo "apuesto" para describir a un varón alto, guapo, con buena percha, serio, fiable. Se pregunta si no se puede aplicar a una mujer. En principio, entiendo que se puede decir que "una persona es apuesta", sea varón o mujer, cuando es de hermosa presencia. Pero, efectivamente, el uso nos dice que se aplica preferentemente a los varones. Tampoco es un desdoro. Una mujer puede ser una beldad, una belleza, un encanto, preciosa. Son adjetivos que en masculino resultan un poco sosos.