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5-II-2007

Márchese, señor Feijoo

Mientras en Madrid la bandera y el himno nacional se hicieron símbolos de la resistencia cívica a ETA, en Galicia el supuesto representante del único partido que no se ha apuntado a la destrucción tanto de esos símbolos como, sobre todo, de lo que representan, hablaba para traicionar los principios y los ideales que el PP defiende en el resto de España. Mientras el Paseo de Recoletos quedaba ocupado por una marea humana que portaba tanto la bandera española como pancartas en defensa de la libertad, acogiéndose a la moderna idea liberal de la Nación como defensora de nuestras libertades, Núñez Feijoo se enclaustraba en el aldeanismo paleto y provinciano del nacionalismo más carca queriendo aparentar ser el más moderno y "centrista" de sus compañeros de partido.

Si hay un lugar de España donde el nacionalismo se desvela con más claridad como una ideología de clases dirigentes que desean imponerse a la sociedad para aumentar su poder, ese es Galicia. Una región española donde el nacionalismo no es compartido más que por esa élite política, mediática y académica que desea repartirse un pastel de poder, prestigio y dinero cada vez mayor. Un pensamiento reaccionario que basa la legitimidad del poder no en el grado de respeto al derecho individual sino en la representación de una tribu, y que sólo una fracción irrisoria del electorado gallego tiene como propio. Eso no impide que el parlamento gallego al pleno, en mayor o menor grado, participe de él. Algo que demuestra las carencias de nuestro imperfecto sistema democrático, pero que no legitima una ideología contraria a la libertad y a los derechos individuales.

Que Núñez Feijoo crea "excesivas" las referencias a la unidad de España en los proyectos de estatuto andaluz y castellanomanchego lo hace un miembro solícito de esa élite aislada de sus representados, pero lo descalifica como miembro –y no digamos ya dirigente– del Partido Popular. Que Núñez Feijoo considere que ser "españolista" es un defecto, le valdrá las sonrisas de Quintana y Pérez Touriño, pero debería valerle una reprimenda y una exigencia de disculpas por parte de la ejecutiva popular. Parece que el proyecto de estatuto gallego ha naufragado entre discusiones sobre quién es más "galleguista". Núñez Feijoo no debería ejercer de Zapatero intentando resucitarlo. Ya está repleta la España liberal de estatutos nacionalistas que reducen los derechos individuales de quienes han de vivir bajo ellos. El PP no debe ser cómplice, y mucho menos impulsor, de otro más.