
El tiempo juega a favor de Irán, que se encuentra muy cerca de lograr sus objetivos militares. EEUU no considera el uso de la fuerza y la posibilidad de que Irán ceda o de que el Consejo de Seguridad apruebe sanciones realmente efectivas son remotas.
El siguiente artículo ha sido solicitado al autor por los oyentes de Es la Mañana de Federico.
Irán representa la amenaza más grave para la existencia de Israel. Esta afirmación, que cualquier analista de seguridad y defensa israelí compartiría, no es el resultado de una valoración personal sino de un conjunto de hechos evidentes para todos.
Los sucesivos gobiernos de Israel han reiterado la gravedad de la amenaza que Irán supone para su seguridad y para la de otros muchos Estados vecinos entre los que nos encontramos los propios europeos. Si Irán viola el régimen de no proliferación estaremos ante una grave crisis de este mecanismo esencial para el control de armamento; muy probablemente se producirán otras violaciones, que harán de este mundo un lugar mucho más inseguro de lo que ha sido hasta la fecha.
Las grandes potencias y el Consejo de Seguridad se han hecho eco de estas declaraciones y han reconocido la gravedad de la crisis. Sin embargo, los intereses políticos y económicos de Rusia y China han llevado a estas dos grandes potencias a bloquear la aprobación de sanciones efectivas contra Irán, sanciones que forzaran al régimen de los ayatolás a reconsiderar sus prioridades. Los europeos han mostrado su rechazo al uso de la fuerza, lo que en perspectiva iraní ha supuesto otra garantía de que, al final, el cerco internacional no sería ningún impedimento para el logro de sus objetivos. Estados Unidos amenazó con el uso de la fuerza, pero sus problemas en Irak y Afganistán, su soledad diplomática y el hecho nada desdeñable de que era el Estado menos amenazado por los misiles iraníes llevó al entonces presidente Bush a posponer sine die una acción de fuerza. El actual presidente Obama está tratando de establecer una nueva relación con el islam y considera muy contraproducente para este fin una acción militar contra las instalaciones nucleares iraníes. El hecho de que Irán podría reaccionar tratando de desestabilizar Irak y Afganistán o provocar un cierre del tráfico marítimo en el Golfo Pérsico son elementos que también se han tenido muy en cuenta. Obama ha tratado infructuosamente de establecer un diálogo estratégico con los dirigentes de Teherán y ahora busca contrarreloj una vía diplomática desde la que negociar la renuncia iraní a dotarse de un programa nuclear para usos militares.
El tiempo juega a favor de Irán, que se encuentra muy cerca de lograr sus objetivos militares. Estados Unidos no considera en estos momentos el uso de la fuerza y la posibilidad de que Irán ceda o de que el Consejo de Seguridad apruebe sanciones realmente efectivas son remotas. Los ayatolás están ganando esta batalla, lo saben, lo celebran y no parece que les tiemble el pulso en este tramo final.
La situación de Israel es de dramática soledad. Las declaraciones de Netanyahu dando a entender la sintonía con la Administración Obama no responden a la realidad. El Gobierno norteamericano subordina en el corto plazo su relación preferencial con Israel a la apertura al Mundo Árabe. Creen que sólo así se garantizará en el futuro la seguridad de Israel, pero esta afirmación responde más a elucubraciones teóricas que a realidades estratégicas. Por otro lado, la administración Obama no está dispuesta a abrir un nuevo frente militar ni a entorpecer sus relaciones con Europa, Rusia y China por una acción de fuerza contra Irán. De nuevo elucubraciones teóricas les llevan a pensar que sólo desde un nuevo entendimiento con europeos, Rusia y China será posible revertir el programa nuclear iraní. En el corto plazo Obama parece dispuesto a aceptar un Irán nuclear.
Israel puede lanzar un ataque sobre las instalaciones nucleares iraníes, pero su efectividad sería limitada por el escaso número de vuelos que podría realizar. Por otro lado, el coste diplomático sería muy alto. El Gobierno Netanyahu sería presentado como un obstáculo para la paz, como un elemento de desorden y tensión merecedor de sanciones económicas y diplomáticas. La clase dirigente israelí se está haciendo a la idea de que tendrá que vivir bajo una amenaza nuclear, para lo que tendrá que desarrollar sus capacidades militares en terrenos vitales como los escudos antimisiles. Oriente Medio ha entrado en una nueva etapa, caracterizada por el auge del islamismo, la rivalidad chií-suní y la proliferación de armas de destrucción masiva. La paz está más lejos que nunca.Contacte con Florentino Portero
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