Cumbre de Poznan

Veinte nucleares al año

La reciente cumbre en Poznan sobre el cambio climático ha tenido la virtud de no satisfacer a nadie. Tanto los organizadores como las diferentes delegaciones o los organismos internacionales allí representados se mostraron decepcionados con los resultados obtenidos. Especialmente destacaron en este sentido los supuestos grupos ecologistas que se dieron cita para mostrar su oposición a todo.

Lo único que se puede subrayar de esta cumbre es que la energía ha vuelto a ser la cuestión fundamental, sobre la cual se deben apoyar cualquier tipo de iniciativas políticas. Puede parecer lógico, pero no hace mucho la cuestión energética era sistemáticamente obviada o supeditada a los objetivos medioambientales y ésta es la causa de que los grupos ecologistas se opongan a cualquier argumento basado en términos realistas que les fuerce a enfrentarse con su eterna incoherencia: ser capaces de pretender preservar el medio ambiente perjudicando el desarrollo económico.

En la cumbre de Poznan se puso de relieve algo fundamental; el progreso económico mundial implica más consumo energético y la única opción viable es poner sobre la mesa hechos y cifras. Considerando un escenario conservador, el de un crecimiento de la demanda de 1,6% anual, tenemos que en 2030 el consumo de energía primaria se incrementará un 50% y más del 30% de la capacidad de generación eléctrica actual habrá concluido su vida útil. Esto significa que, sólo en generación eléctrica, se tendrá que construir más del 70% de la capacidad actualmente instalada. Se prevé que, de seguir la actual tendencia, la demanda de carbón no sólo no disminuirá sino que se acelerará, al ser el recurso más asequible para las economías emergentes (un 97% del incremento de la demanda vendrá por parte de países que no son miembros de la OCDE y el 75% de China e India). Es decir, el objetivo de limitar las emisiones de combustibles fósiles parece bastante difícil de conseguir si no hay un cambio mundial de política energética.

La solución de los grupos ecologistas viene por dos vías igualmente utópicas. La primera es que las renovables sean capaces de cubrir el incremento de la demanda, lo cual es simplemente irrealizable desde el punto de vista técnico por parte de las nuevas economías industriales y, en lo que concierne a las economías desarrolladas, esconde numerosos costes no repercutidos al consumidor mediante fuertes subsidios gubernamentales. La segunda cuestión para estos grupos es incrementar la eficiencia energética en la parte del consumo. Es evidente que hay mucho que hacer en este ámbito pero las ganancias serán relativamente pequeñas en comparación con los incrementos de demanda y en términos reales esto se revela como una cuestión muy secundaria.

La cuadratura del círculo fue puesta en evidencia por la Agencia Internacional de la Energía que realizó un estudio en el que concluía que incluso la construcción de 20 centrales anuales de aquí a 2030 no sería suficiente para satisfacer la demanda total, y por tanto no podrán cumplirse los objetivos de emisiones de 450 ppm de dióxido de carbono (cifra acordada por diversos organismos con la que se supone que el calentamiento global quedará limitado a 2 grados centígrados).

Por cuestiones de seguridad y de sostenibilidad –en su genuino sentido, es decir, incluyendo el aspecto económico–, no es posible que continuemos con unos modelos energéticos heredados de la primera revolución industrial. Es necesario un replanteamiento mundial de las políticas energéticas que dará la misma conclusión que la Agencia Internacional para la Energía presentó en Poznan: la energía nuclear no sólo es imprescindible hoy sino que lo será aún más en el futuro próximo.

Las alternativas europeas basadas en las renovables esconden la tremenda falacia de los costes ocultos. No emiten gases pero son tremendamente caras y si no, que se lo pregunten a los contribuyentes españoles y a ese déficit de tarifa que crece mes tras mes a causa de la entrada de mayor generación subvencionada. Es necesario que estas tecnologías aumenten su eficiencia y ello pasa por reducir sus millonarias primas.

En definitiva, en Poznan se habló de energía en términos realistas que es algo que no gusta a los ecologistas, pues se evidenció que la demanda energética crecerá y que si queremos satisfacerla sólo la nuclear es una alternativa segura, económica y limpia. Por ese orden.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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