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PRIMERA REPÚBLICA

Figueras, presidente a la fuga

Ahora que se vuelve a escuchar en la política española aquello de: "¡Váyase, Señor ...!", y que incluso se corea en el Senado el consabido "¡Dimisión, dimisión!", no está de más el recordar que en nuestra historia contemporánea tenemos presidentes dimisionarios y presidentes a los que les han dimitido; incluso presidentes que huyeron por sorpresa, aprovechando la noche madrileña, sin avisar siquiera a sus ministros.

Ese presidente fue Estanislao Figueras, jefe del Poder Ejecutivo de la República en 1873.

Esta es la historia de aquella fuga presidencial.

El partido republicano nació y se desarrolló en el Sexenio revolucionario (1868-1874). Se decía representante de la verdadera idea de la democracia y los auténticos intereses del pueblo, cosa que las urnas nunca confirmaron; tampoco los hechos cuando estuvieron en el poder. Enseguida hubo un divorcio entre la dirección y los republicanos de provincias. Mientras los primeros hacían política en Madrid, los segundos creyeron y practicaron la fórmula de Pi y Margall para llegar a la federación (consumación de las mezquinas ambiciones de las mediocres élites locales), que consistía en "el pacto sinalagmático, conmutativo y bilateral". Dada la complejidad de dicha fórmula, el método se reducía a perpetrar insurrecciones locales y, acto seguido, proclamar la constitución de cantones. Esto convertía a los militantes republicanos en elementos incontrolables para la dirección. De aquí vinieron gran parte de los problemas de 1873.

Todo empezó el 11 de febrero, cuando se conoció que el rey Amadeo había renunciado al Trono. Varios grupos de federales armados sitiaron el Congreso y exigieron la proclamación de la República. Figueras salió a una ventana para calmarlos, pero tuvo que ser la Milicia Nacional la que los dispersara. No obstante, lanzaron la amenaza: si no se proclamaba la República Federal antes de las 6 de la tarde, se levantarían en armas. Detrás de esta maniobra estaban el general Contreras y el propagandista Roque Barcia. Al tiempo, llegó al Congreso un telegrama en el que los federales catalanes anunciaban una revuelta si no proclamaba la República.

Layard, embajador británico en Madrid, contaba que el plan del general Serrano, Nicolás Rivero –presidente del Congreso– y Emilio Castelar era formar un Gobierno provisional para llegar a una República liberal y de orden, pero que los acontecimientos los desbordaron. Los radicales y los republicanos formaron mayoría y votaron la proposición de Pi y Margall para proclamar la República. Tras un receso de tres horas, se anunció que Figueras formaría Gobierno, lo cual hizo contando con José Echegaray, Fernández de Córdoba, Beránger, Manuel Becerra, Francisco Salmerón, Castelar y Pi y Margall.

A los diez días se produjo la primera crisis de gobierno y el primer intento de golpe de estado. El motivo hay que buscarlo en la proposición del ministro de Gobernación, Pi y Margall, para pacificar a los federales de provincias: darles cargos públicos en ayuntamientos y diputaciones. La oposición de los ministros radicales se saldó con la dimisión de Figueras. Esto lo aprovechó Cristino Martos, presidente de la Asamblea Nacional (las nuevas Cortes), para hacerse con el poder: ordenó al gobernador de Madrid que colocara grupos de guardias civiles en los ministerios de Gobernación y Hacienda, así como al Congreso, y que tuviera en alerta a los batallones de Voluntarios de la Libertad, conformados por radicales. Por otro lado, nombró al general Moriones, afecto a su partido, capitán general de Castilla la Nueva. Al tiempo, un grupo de diputados radicales presentó una proposición para que el vacío de poder fuera conjurado mediante el otorgamiento del mismo al presidente de la Asamblea Nacional.

Pi i Margall.Pi y Margall reaccionó llenando las calles de soldados, y los diputados republicanos se pusieron a gritar mueras contra Cristino Martos. Pero este no se amilanó, sino que preparó para el 8 de marzo un segundo golpe de estado. Volvió a llamar al general Moriones y mandó que la Guardia Civil se situara cerca de los edificios oficiales. Pero como esta vez no contó con el apoyo del Instituto Armado, dimitió dos días después.

Los golpistas no escarmentaron: creyeron que no habían tenido éxito por mala organización (que también era cierto), por lo que Martos, Rivero y Serrano prepararon otro golpe, esta vez para el 23 de abril. La planificación no fue mejor: acantonaron sus fuerzas en la plaza de toros de Madrid y la dirección golpista se refugió en un hotel. El resultado fue penoso: los sublevados, recluidos voluntariamente; los golpistas, huyendo disfrazados; los federales, cercando el Congreso para linchar a los radicales; Pi y Margall, haciéndose con todo el poder.

De la República se podía decir aquello que escribió Modesto Lafuente con el alias Fray Gerundio: "Todo los días es carnaval". La conclusión fue que el régimen –si es que se podía llamar así– quedó en manos de los federales. Si el 12 y el 21 de febrero, así como el 8 de marzo, hubo intentos de proclamar un Estado Catalán integrado en una Federación Española, el golpe del 23 de abril empujó a los intransigentes a pedir a Pi y Margall la organización federal inmediata. Las elecciones de mayo de 1873 registraron una abstención del 60%, a pesar de lo cual las Cortes se dispusieron a reorganizar el Estado. Sin debate ni Ejecutivo, se aprobó una resolución que declaraba que la forma de gobierno de España era la República Federal.

Los federales, llamados ya intransigentes, se separaron de Pi y Margall, al que por su tibieza llamaban "reaccionario", y pidieron el Gobierno. El resto de diputados republicanos, que eran mayoría, pactó un Ejecutivo... que les excluyó, por lo que los generales Contreras y Pierrad prepararon un golpe en Madrid con los Voluntarios de la República. Figueras, deprimido tras la reciente muerte de su mujer, se enteró del complot y, temeroso, habló con Pi y Margall para que formara parte de su Gabinete. La idea de Figueras era levantar la figura de Pi, el federal pactista, para calmar el ansia insurreccional de los intransigentes, pero aquél se negó. El 9 de junio Figueras encargó al general Socías que investigara las fuerzas e intenciones de los golpistas.

En la mañana del 10 de junio, Estanislao Figueras no se presentó en el Ministerio. Castelar y Pi y Margall quedaron sorprendidos y, tras una larga espera, mandaron a buscarle a su casa. "El señor hizo la maleta anoche, y se fue a tomar un tren para Francia", les contestó el servicio. Aquellos dos ministros encargaron a Socías que prepara a sus tropas y a la Guardia Civil por lo que pudiera pasar. Pero Estévanez, gobernador civil de Madrid, creyó que era el propio Socías el que intentaba dar un golpe, por lo que le arrestó a las puertas del Congreso de los diputados el 11 de junio. El malentendido fue aprovechado por el general Contreras, que, al mando de los Voluntarios, tomó el ministerio de la Guerra. Pi y Margall trató de salvar la situación erigiéndose en presidente de la República el 18 de junio. Fue en vano: los federales de provincias, siguiendo los principios pimargallianos de antaño, los pactistas, se levantaron al día siguiente para proclamar cada uno su cantón.

Figueras quedó sobrepasado por los acontecimientos, trufados de revolución y golpismo. Tocado en lo personal, y agotado en lo político, entre tres intentos de golpe de estado de radicales y conservadores, y otros tantos de los federales, decidió huir. Volvió a los pocos meses, pero ya su tren había pasado.

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