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ALIMENTACIÓN

Lo natural no siempre es lo mejor

Es lo que conocemos, no lo que ignoramos, lo que nos causa problemas. No sé quién dijo esta máxima, que se ha atribuido a muchísimos escritores; lo importante es saber que es una máxima muy acertada.

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A ver, pensemos en algunas de esas cosas que sabemos no nos dan problemas. Por ejemplo, los animales que viven en granjas ecológicas. Todo el mundo sabe que comer alimentos procedentes de esos animales es mejor, para el medioambiente y para el propio consumidor, que hacer lo propio con alimentos procedentes de animales criados en una explotación industrial al uso y alimentado con pienso.

Según ha escrito en el New York Times el prolífico activista Michael Pollan, donde antes teníamos un rumiante alimentándose por obra y gracia de la energía solar (el sol), última responsable de la existencia del pasto, ahora tenemos "lo último que nos hacía falta: otro motor de combustión". ¿Y eso? Pues nada, que como las vacas ya no se comen la hierba que crece bajo sus patas, los granjeros han de llevarles pienso, y para ello necesitan utilizar sus vehículos, que consumen combustibles fósiles.

Los restaurantes sirven hamburguesas supuestamente procedentes de ganado ecológico, es decir, comehierba, y proclaman que por tal razón su comida es la más saludable del planeta. La Asociación Americana de Explotaciones Ecológicas afirma, oh sorpresa, que sus animales son muy buenos para el medioambiente porque entre ellos y el pasto se ha establecido una relación bastante armónica.

Y la gente se lo cree.

A nadie le gusta ver un animal enjaulado en un comedero. Cuando se le pregunta qué ganado cree que es mejor, la gente suele responder: "El que vive en libertad", o "Las vacas deben estar en el campo", o algo por el estilo.

Es lógico pensar que las reses alimentadas con pasto son mejores para el medioambiente, pero con demasiada frecuencia lo que parece lógico es incorrecto.

¿No me cree? Atienda a lo que tiene que decir la doctora Jude Capper, profesora de Ciencias de la Alimentación en la Universidad Pública de Washington.

Se suele pensar que los animales alimentados con pasto están retozando bajo el sol, yendo de acá para allá por mero placer o jugueteando. Bien, pues nosotros hemos descubierto que, atendiendo a criterios relacionados con el uso del suelo, la energía, el consumo de agua y, sobre todo, las emisiones de dióxido carbono, ese tipo de animales es mucho peor que el alimentado con pienso.

¿Cómo puede ser? Volvamos a Capper:

Simplemente, por un cuestión de eficiencia. Los animales tardan 23 meses en crecer, pero el alimentado con pienso lo hace en sólo 15, lo cual quiere decir que los primeros pasan ocho meses más comiendo, bebiendo, consumiendo pasto y, claro, generando desperdicios. Si comparáramos a los animales que se alimentan de pienso con los que se alimentan de pasto, sería como añadir a las carreteras prácticamente un nuevo vehículo por cada uno de los primeros. El impacto ambiental es enorme.

Una vez más, vemos que la tecnología es más barata y más saludable. Los animales alimentados con pienso crecen antes y, por tanto, pueden ser sacrificados antes, y eso es bueno para el planeta. "Absolutamente de acuerdo", dice Capper. "Todos los días, sin falta, los animales necesitan comida y agua, y liberar metano y óxido nitroso, gases de efecto invernadero muy potentes y perjudiciales".

¿Y qué hay de la gente? Algunos defensores de la carne ecológica afirman que los animales criados de forma natural son más beneficiosos. Capper:

No existe la menor prueba científica que sustente esa opinión. Ninguna. Hay diferencias, sí, en cuanto al contenido de ácidos grasos, por ejemplo, pero son tan pequeñas que no tienen efecto significativo alguno sobre la salud del ser humano.

¿Y qué pasa con las hormonas que se da a las vacas? Desde luego, no pueden ser buenas para nosotros. Por última vez en este artículo, Capper:

Lo que hemos de recordar es que cada alimento que ingerimos tiene hormonas, ya sea tofu, carne o una manzana. No hay nada, excepción hecha del salero, que contenga algún tipo de hormona.

En fin, que la próxima vez que eche mano a un paquete de carne de vacuno saturado de sellos ecológicos, recuerde: el ganado de pasto no sólo cuesta el doble, es que encima no hay prueba alguna de que sea mejor para usted o para el medioambiente.

Es sólo otro mito alimentario.


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