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Columna publicada el 15-08-2001
Los políticos nos quieren hacer creer que no tienen vacaciones. Pero, que no sean ingenuos, no nos engañan. Los políticos tienen vacaciones, y tendrían más si no fuera por el miedo al "jefe" respectivo. Un político con cargo se siente permanentemente vigilado durante las vacaciones, pero no por la prensa, sino por sus jefes. El político en verano no puede aparentar que descansa, sino que está siempre trabajando, que, entre baño y baño, no tiene un momento de respiro. Leer la prensa, atender a los medios de comunicación, despachar con sus colaboradores. Un auténtico "paripé" que tiene una medida: las cuotas de telediario. Un político con cuota de declaraciones puede estar tranquilo, la apariencia está cubierta. Es lo que en la jerga se llama un "político de guardia", es decir, el encargado de dar la cara y aparentar que se trabaja, mientras el resto desconecta absolutamente de la realidad.
De todas formas,este verano está siendo algo diferente. Quizá el escándalo de Gescartera está provocando un mes de agosto más movido. Además, el Gobierno está escarmentado de otras vacaciones. En la última legislatura, los días de descanso han traído de cabeza a un Ejecutivo que se había dormido en los laureles. En esta ocación, con el fantasma de Gescartera, no se pueden permitir lujos. Se han organizado y los más "voluntariosos" y "avispados" quieren que Aznar les vea y les lea en los resúmenes de prensa de su retiro menorquín. Algunos, como Lucas, Posada, Aparicio o Rajoy, tienen bien aprendida la lección y no quieren chorreos del "presi" a la vuelta de las vacaciones. Otros, en cambio, están desaparecidos: Cabanillas, Villalobos, Cañete o Piqué parece como su hubieran sido borrados del mapa.
En el Partido Popular está de guardia el de siempre: Rafael Hernando, con algunas incursiones de Ana Mato y Mercedes de la Merced. Aunque esta vez, con la tormenta Gescartera, Javier Arenas no está dispuesto a perder terreno y cuida sus apariciones públicas. Está de vacaciones, pero los espectadores de la "Primera" pensarán que no ha dejado el despacho ni un solo minuto.
Por su parte, los socialistas han visto con buen ojo político que el primer gran caso de corrupción de la "era Aznar" no podía caer en el olvido veraniego. Como quien dice, se han repartido las vaciones: primero estuvo Jesús Caldera, ahora Pepín Blanco. Sorprende que el líder Rodríguez Zapatero haya sido visto en carne mortal en contadas ocasiones. Por el momento, no ha entrado a matar con Gescartera. El PSOE se ha organizado con cierta eficacia, realizan un buen seguimiento del "escándalo", pero les falta algo de imaginación. No pueden matar el "caso" antes de que empiece el curso político, tienen que oxigenarlo y evitar que la "fiesta" decaiga. Es demasiado serio como para desperdiciarlo en unas declaraciones veraniegas.
Pero, en fin, en quince días todo volverá a su sitio. Todos estarán en sus despachos. Ninguno hablará de sus vacaciones. Parecerá como si el tiempo no hubiera pasado. Si alguien pregunta por la vacaciones, la respuesta es inequívoca: "Yo soy un político de guardia". Y se quedan tan anchos.

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