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Columna publicada el 08-10-2003
Ha pasado ya algo más de un mes desde que José María Aznar pusiera en marcha, con rapidez y con éxito, el proceso de su propia sucesión en el Partido Popular. Un mes en la vida política no es mucho tiempo, más bien es un suspiro; pero un mes con Mariano Rajoy como secretario general de los populares ha servido para sacar una primera y contundente conclusión: las cosas han empezado a cambiar en el Partido Popular.
Para empezar, hay que decir que Mariano Rajoy está llevando al extremo su vieja teoría electoral: "las elecciones no se ganan, desde el Gobierno sólo se pueden perder". Y en efecto, Rajoy no está dando una voz más alta que otra. Con una actitud pausada y comedida, el candidato del PP, por el momento, ha optado por una estrategia sin estridencias. El secretario general de los populares está decidido a marcar un nuevo estilo. No arma ruido, no llama la atención, pero los cambios en la calle Génova están siendo muy importantes. Rajoy no cambia las personas, pero cambia el sistema de trabajo; Rajoy no prescinde de nadie, pero cuenta con las personas de su confianza; Rajoy mantiene el discurso, pero pone sus acentos. Ha pasado un mes desde la designación del sucesor, parece que todo sigue igual, pero han cambiado muchas cosas.
¿Es correcta esta estrategia?, se preguntan muchos en la calle Génova. Pues si nos tenemos que fijar en las encuestas, la estrategia es la más correcta de todas las posibles. En estos momentos, Mariano Rajoy, que por méritos personales tiene más de una medalla de la gestión del Ejecutivo, está que se sale en los estudios demoscópicos. Por lo que estamos viendo el secretario general del PP ha decidido mantener el ritmo impuesto por el Gobierno, evitando caer en errores de bulto y dejando que desde las filas socialistas se mantenga el mismo nivel de "pifias" políticas. "Si Zapatero sigue dejándose los micrófonos abiertos, no hace falta forzar la máquina", comentan en algunos despachos del PP. Y es que todo indica que Mariano Rajoy ha decidido esperar al mes de enero para asumir todo el protagonismo político. Por el momento se está dedicando a visitar todas las Comunidades autónomas, ha iniciado también las visitas internacionales y está teniendo contactos con los distintos estamentos económicos y sociales. Rajoy mantiene un perfil suficiente para marcar el ritmo, pero sin enseñar las estrategias al adversario.
El candidato popular es consciente que en el inicio de 2004, cuando el presidente Aznar disuelva las Cámaras, él se quedará como único responsable de los resultados electorales. El se plantará sólo ante el "peligro" de las urnas. Para entonces habrá de tener engrasado el discurso, preparada la maquinaria y afinado el equipo. Entonces ya no habrá margen para el error, ni para el aburrimiento. Es cierto que, como cualquier deportista de élite, tiene que dosificar y planificar sus fuerzas para no sufrir una "pájara" inesperada; aunque por el momento, y viendo cómo está el PSOE, se puede permitir el lujo de ser un líder sin prisas. En enero será otro cantar.

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