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Sorprende en Rubalcaba –bueno, no– esa repentina defensa de la "independencia" del juez Garzón. Habría que preguntarse si no era también independiente el juez Grande Marlaska cuando investigaba el chivatazo a ETA desde el Ministerio del Interior. O las razones que hubo, en su momento, para fulminar al fiscal Fungairiño de la Audiencia Nacional. ¿Es acaso el modelo de independencia judicial que predica Rubalcaba el que representa el Fiscal General del Estado? ¿Piensa el ministro del Interior que la amistad entre Conde Pumpido y Javier Zaragoza influyó para que este último fuera nombrado como sustituto de Fungairiño? Después del constante uso político de la justicia en favor del Gobierno durante esta legislatura, que ahora venga el ministro Rubalcaba para explicarnos qué es la justicia independiente y cómo se la respeta no deja de ser una burla a los ciudadanos.
Pero lo que no debemos hacer nunca es perdernos en estas cosas y olvidarnos del fondo de la cuestión, por más que el Gobierno se ponga nervioso y encienda sus ventiladores, cada vez más viejos y en peor estado. Porque lo realmente importante es que el Gobierno está ocultando la verdad real sobre el 11 de marzo. Una vez desmontada la verdad oficial sobre la matanza de Madrid, por la falsedad de las pruebas oficiales, el Ejecutivo ha perdido el norte. Desde ese momento, la larga cadena de despropósitos y de errores que ha cometido evidencian un claro intento de entorpecer cualquier investigación que pueda aclarar la verdad. ¿Qué razones hay para que el Gobierno se niegue a la verdad del 11 de marzo? Si el culpable de todo fue el Partido Popular, como dicen las terminales mediáticas socialistas, ¿a que viene ese pavor por descubrir la verdad?
El numerito montado por el juez Garzón con los peritos del informe del ácido bórico no ha sido al final sino una forma de tapar otra jugada: la de exculpar de todo el escándalo del "chivatazo" a ETA al jefe de seguridad de Ferraz, al que desde luego no ha interrogado con la fiereza del tercer grado que ha perpetrado a tres honrados policías. Que se cuenten cosas como ésta es lo que Rubalcaba quiere impedir cuando dice que hay que dejar trabajar a los jueces con independencia. No es lo que decía en la década de los 90 cuando la investigación sobre el terrorismo de Estado perpetrado por los GAL saltó a las primeras planas. Tampoco lo decía el mismo Rubalcaba, no hace muchos meses, cuando el juez Marlaska actuaba con contundencia contra el terrorismo. Y menos aún cuando el fiscal Fungairiño era destituido políticamente.
El ministro del Interior tiene un verdadero problema: está acabado. Ha perdido reflejos y carece de capacidad de reacción. Ha desfigurado tanto la verdad que ya no se cree sus palabras ni él mismo. Resulta tan cotidiano oírle mentir que ha perdido toda credibilidad. Rubalcaba se encuentra noqueado, sabe que antes o después el 11 de marzo se va a convertir en su tumba política y, por lo tanto, su recorrido es francamente pequeño. Son además tantos los errores que están cometiendo, tantos los cabos sueltos, tantas las pistas que ya no pueden ocultar y tanta la torpeza del Gobierno, del Fiscal General del Estado o de jueces como Baltasar Garzón que se está todo precipitando mucho más rápido hacia su final. Un final similar al del Gobierno de los GAL.

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