- Un pasajero se queda a vivir en Barajas porque Iberia perdió a su perro
- Se concentran para descargar públicamente material protegido frente a la sede del PSOE
- Ecclestone desvela que Ferrari recibe dinero extra desde que "compró su lealtad" en 2003
- Una reyerta en pleno centro de Madrid se salda con cuatro heridos
- Técnicos de Hacienda recurrirán el aguinaldo bancario ante el Supremo
- Los jugadores del Murcia, intoxicados en la cena de despedida de Clemente
- PERFIL del nuevo líder de CCOO
- Toxo no descarta una huelga general aunque cree que ahora "no sería oportuna"
- El Madrid termina pidiendo la hora para ganar a un Valencia con diez (1-0)
- Zapatero acuerda sólo con Montilla avanzar en una nueva financiación autonómica
- Zapatero acuerda sólo con Montilla avanzar en una nueva financiación autonómica
- Rubalkaba usa la matanza de Bombay para atacar a Aguirre y bromear sobre sus calcetines
- Aído quiere una ley del aborto "similar a la del resto de países europeos"
- Toxo no descarta una huelga general aunque cree que ahora "no sería oportuna"
- Técnicos de Hacienda recurrirán el aguinaldo bancario ante el Supremo
- El Gobierno podría presentar antes del verano una ley para el aborto libre hasta la semana 14
- ANV aprueba una moción de apoyo a un etarra por la ausencia de los ediles del PSE
- Se concentran para descargar públicamente material protegido frente a la sede del PSOE
- Montoro lamenta el "optimismo ciego" de Zapatero ante la crisis "más destructiva en empleo"
- Pajín vuelve a usar a ETA para atacar a Rajoy y le pide que "recapacite" por Navidad
Resulta verdaderamente complicado explicar a alguien que no haya vivido en España en los últimos años –y casi a los que estamos aquí– qué está pasando con la investigación del 11-M. No obstante, para aclararlo se puede hacer cierta comparación con un caso que conmocionó a Francia –y al resto de Europa– y en el que estuvo en juego algo más que la "verdad": el affaire Dreyfus.
Empecemos por aquí. Tres días antes de las elecciones del 14-M se produjo el más grave atentado terrorista de la historia de España. Todo indicaba que había sido ETA hasta que aparecieron unas "pistas" que condujeron a unos "islamistas". Los muertos eran un castigo a España por su implicación en la guerra de Irak. El resultado electoral dio la victoria a la oposición, que había canalizado toda la movilización contra el conflicto bélico y el gobierno Aznar. Los medios de comunicación afines a los socialistas responsabilizaron al gobernante PP de los atentados, y una comisión parlamentaria cerró en falso la investigación: fueron islamistas para castigar la "foto de las Azores". El buenismo y el antiamericanismo quedaron reconfortados.
Pero hete aquí que, dos años después, aparecen informaciones en El Mundo y Libertad Digital mostrando que se han falsificado documentos oficiales para que concuerden con la versión oficial. En ese momento, el partido del gobierno y los medios afines tachan a dichos informadores de extrema derecha y golpistas, acusándoles de desestabilizar la democracia española, cuestionar la legitimidad de la victoria del 14-M e inventar una "teoría de la conspiración". Y las instituciones se implican: todo el Parlamento –menos el PP– decide que no se debata nada más sobre el 11-M y se movilizan algunos jueces para corroborar la versión socialista sobre el atentado. La cuestión, de esta manera, deja de ser meramente policial y judicial, y la convierten en una cuestión de Estado, en sostener o desestabilizar el sistema.
Y aparece Dreyfus entre nosotros. El capitán judío Alfred Dreyfus fue acusado de un crimen que no cometió, y en su degradación y castigo intervinieron el ministro de la Guerra, los jefes del Estado Mayor y los tribunales. El nacionalismo autoritario y el antisemitismo se sintieron satisfechos. Un año después, el coronel Henry, nuevo Jefe del Servicio de Inteligencia, falsificó papeles –qué casualidad– para incriminar a Dreyfus y corroborar la versión oficial. De la creencia en la culpabilidad de Dreyfus parecía depender la estabilidad del régimen, de sus instituciones y valores. Pero fue justamente lo contrario: su cuestionamiento, la nueva investigación y la movilización por la verdad permitieron salvar la III República. No importó entonces lo mucho que gritaron los antidreyfusards, aquellos autoritarios antisemitas que se arroparon en el sistema y el patriotismo, cuando únicamente veían en peligro su posición y honor.
Los documentos falsificados para ocultar el nombre de ETA han aparecido en plena negociación con la banda, en el centro de una negociación de cuyo buen término depende, en gran medida, la suerte electoral del Gobierno y del propio Zapatero. Han surgido, justamente, cuando el Ejecutivo está propiciando la reordenación –esta vez confederal– de España, la invención de un nuevo Estado plurinacional. No es de extrañar que, así, algunos socialistas y sus aliados digan, con insultos propios de la jerga franquista del NO-DO, que desestabilizan el sistema aquellos que cuestionan la verdad oficial del 11-M.

La Ilustración Liberal
Móviles & PDA
Email gratuito
Amor y amistad
Cursos y masters
