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Una velada particular

En 'Gente que vive fuera' no hay créditos por la negativa de quienes trabajaron en el film. No quisieron. Por miedo.

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La proyección de Gente que vive fuera se ha frustrado por problemas técnicos y ahora el director del film, Arcadi Espada, deambula por un paisaje en que el cansancio limita con la melancolía. "Me ha pasado lo peor que me podía pasar: quedarme sin lectores". Tratamos, en vano, de consolarle. La única que no lo intenta, sabedora de la inutilidad del gesto, es su esposa. Qué curioso. La inacción como expresión del amor. A mi lado tengo a Cayetana Álvarez de Toledo, a la que había conocido dos días antes en el pase de prensa del documental. Me agradece, como en una caricia, el artículo que he escrito en Libertad Digital sobre la película. Dudo si decirle que leía devotamente sus columnas en El Mundo, que, ahora que lo pienso, ocupaban el mismo rincón del periódico que hoy ocupan las de Arcadi. No sé si llegaron a coincidir. A mi derecha tengo a Andrea Martínez, Audrey, que ha venido acompañada del profesor Ferran Toutain. Tenía ganas de conocer a Ferran. Hablamos de su Sobre l'escriptura, el único manual del que he aprendido algo sobre el oficio de escribidor. En realidad no se trata de un manual, sino de un ensayo. La precisión es de Ferran. Me he nutrido tanto de ese libro que, a afectos prácticos, lo tengo por un manual. Afectos, sí, mejor así. Pero Sobre l'escriptura es también un informe: un informe ambicioso y delicado sobre los efectos (aquí sí, con e) de la Logse. La propensión de Ferran a ahondar en la incompetencia general del alumnado desborda los textos. "Hay quien te dice: 'Pues yo no estoy de acuerdo con Platón'". Otra cosa que también te dicen: "Los griegos eran un poco machistas, ¿no?". Reímos, claro. Y pedimos una copa. La camarera es una de esas petardas que cree que puede tratarte mal porque pronto presentará un telediario. Todos piden gintónic. Todos menos yo, que pido un Jameson. No descarto que sea por joder. Espada ha tratado, en vano, de que le sirvan el gintónic en un vaso. "O en copa o en vaso de tubo", responde Sara Carbonero. Hoy todo es en vano. También está Laura Fàbregas, redactora de Crónica Global, y de la que no sabía que anduviera por Madrid. Su novio, nos cuenta ("Mi compañero", dice ella, sintagma tan enternecedoramente progre que motiva la chanza de Audrey); su novio, decía, está cursando el máster de El País y, claro, ella se ha trasladado con él a la capital. En realidad no hablamos en castellano, sino en catalán. Un catalán pulquérrimo, sí, pero que, dada la ausencia de connotaciones, se nos hace raro, o al menos a mí se me hace raro, acostumbrado como estoy a que el catalán sea, además de una lengua, una conducta. La velada resulta de lo más agradable y Arcadi se va reponiendo, aunque sólo sea para meditar sobre su frustración. "Usted no se ría porque también ha fracasado", me dice. Resulta que, en el pase de prensa de Gente que vive fuera, no me percaté de que si no había créditos es por la negativa de quienes trabajaron en el film. No quisieron. Por miedo. A que no les dieran trabajo. En Cataluña. Y yo no lo vi. Vuelvo a Toutain, con el que hablamos de los Stones, y del que fuera batería de los Who, Keith Moon. Y entonces dice:

-Somos fachas.

-¿Perdona?

-Eso, que somos fachas. Fascistas. Nosotros.

¿No es maravilloso?

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