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Antisemitismo socialista

Ante el pogrom

Las declaraciones de José Blanco contra Israel pueden ser atribuidas a pura táctica de distracción. Mejor tener al personal discutiendo sobre Israel que obsesionados por el desmantelamiento de España y la destrucción del Estado de Derecho.

Sin duda es así, pero eso no quiere decir que las declaraciones de Blanco no se sustenten en un prejuicio y en una mentalidad hechos de resentimiento, odio a la propia cultura y, sobre eso, antisemitismo. La presencia de Zerolo en una manifestación anti israelí es un síntoma más de lo que hay debajo de esas declaraciones. Y por si no bastara con eso, recuérdese el tono de Moratinos dirigiéndose a un empresario judío como un señor feudal de la Edad Media hubiera hablado a "sus" judíos: el mismo desprecio, idéntico matonismo. Lo que solía venir a continuación era el saqueo, el pogrom –es decir el ataque violento, casi siempre asesino, contra la comunidad judía– o las dos cosas.

Que una parte tan importante de la izquierda española –la que gobierna, justamente– haya dejado ver con tanta desvergüenza su miseria moral e intelectual abre la puerta a un cambio cultural que debería ponerse en marcha de una vez por todas.

Y es que la moderna judeofobia, aquella de la que presumen Blanco, Zerolo, Moratinos y Zapatero es la antesala, o el reverso, del odio al cristianismo. Hay quien no se había dado cuenta todavía que las dos pulsiones van unidas. Ahora ya no hay justificación para no comprenderlo.

Los que han adoptado una actitud militante en contra de Israel y de lo que el Estado de Israel significa son los mismos personajes que han lanzado una ofensiva entre mediática e ideológica para desterrar la religión cristiana de la plaza pública. Lo que se llama, con cierto grado de eufemismo, laicismo militante, es en realidad anticristianismo. En su fondo late la misma voluntad de extirpar de una sociedad cualquier principio moral basado en las creencias y los valores cristianos... y judíos.

La Iglesia viene haciendo un esfuerzo considerable desde hace muchos años por restablecer el diálogo entre el judaísmo y el catolicismo. En Estados Unidos los evangélicos se han ido convirtiendo con el paso de los años en el más firme apoyo del Estado de Israel. Es una evolución natural en el momento en que algunos valores morales fundamentales se ven atacados. Y no es una cuestión de izquierdas o de derechas, mucho menos de adscripción a un partido político. Se trata de un paso necesario ante la deriva hacia una forma de totalitarismo.

En España ha llegado el momento de darlo. Quienes se sienten agredidos por el gobierno socialista cuando este ataca o desprecia la religión y la Iglesia saben ya que se les está clasificando en la misma categoría en la que el antisemitismo coloca a los judíos. Y que les ha caído encima la misma responsabilidad que a estos –y a los israelíes– en la defensa de la libertad, la libertad de todos. No es una tarea fácil. Precisamente por eso, conviene ayudarse unos a otros.