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Austeridad

El centro descolocado

En 1986 Felipe González cambió de opinión sobre la pertenencia de España en la OTAN. Así que para rectificar la posición de su partido, salimos de la OTAN y celebramos un referéndum sobre si debíamos entrar o no –cuando ya estábamos dentro–, y al final acabamos ingresando donde ya habíamos estado. Aquel episodio lamentable dio la medida de la consideración que los dirigentes socialistas tenían de la democracia. Hubo incluso quien lo elogió, como si aquello hubiera sido un ejercicio supremo de responsabilidad y, sobre todo, de habilidad.

Tuvo, en cuanto a esto último, una virtud: la derecha, que siguiendo su programa había metido a España en la OTAN, no supo cómo reaccionar... y no llegó al Gobierno hasta 1996. Ante una maniobra del PSOE, la derecha española se quedó sin discurso, sin habla, podría decirse, y no lo recuperó hasta muchos años después.

Las circunstancias de lo que ocurrido esta semana en el Congreso de Diputados no son las mismas, claro está. En 1986 se trataba de la posición de España en la escena internacional. Aquí se trata de la ruina de nuestro país, causada, en buena parte, por quien ahora se ofrece como salvador. Se entiende, por tanto, que el único partido de la oposición votara en contra de unas medidas que parecen garantizar la supervivencia de Rodríguez Zapatero en el Gobierno.

Dicho esto, conviene observar que en la mañana del jueves el Partido Popular, al votar NO a las medidas de ajuste del Gobierno, nos puso a todos al borde del abismo. Todos sabemos lo que habría pasado de haber salido adelante el NO. Pues bien, el Partido Popular prefirió arriesgarse a colocar a España en situación de quiebra y colapso económico en vez de dejar pasar, aunque fuera críticamente, unas medidas que sabe imprescindibles, por muy improvisadas, tardías, contradictorias e insuficientes que sean. Convengamos en que el centrismo radical presenta rostros sorprendentemente variados.

No quedó ahí la cosa. Al votar NO, el PP también se quedó, como ocurrió en 1986, sin discurso. Se veía venir desde hace semanas, cuando ante la ola de recortes de Rodríguez Zapatero, el PP ha ido poniendo el acento, más y más, en la defensa de la política social, por no decir en la de los sufridos, oprimidos y explotados empleados públicos, el nuevo sujeto revolucionario del centro derecha. El jueves todo quedó escenificado con claridad, aunque hay que reconocer que en su intervención Rajoy salvó la trampa de la demagogia, en la que han incurrido bastantes de sus barones. Otros, en cambio, han comprendido muy bien lo ocurrido y en vez de hablar –por lo menos hasta ver qué se debe decir– han pasado a los hechos. Así en el Ayuntamiento de Madrid, con un recorte serio, y la Comunidad de Madrid, donde ya se venían tomando medidas de este tipo, insuficientes también, de todos modos.

En cualquier caso, desde el jueves no se sabe muy bien cuál es el programa del PP para salir de la crisis. Respaldó las inyecciones de dinero y no rechazó la expansión del gasto público. Ahora rechaza las medidas de austeridad... Llegará al poder porque el esperpento de Rodríguez Zapatero es ya desorbitado, incluso para lo que se estila estos días. No es seguro, de todos modos, como muestra lo ocurrido después de 1986...       

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