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AMERICA ALONE, DE MARK STEYN

El suicidio de Occidente

Mark Steyn es un conocido ensayista canadiense pero afincado en la Costa Este de los Estados Unidos. Impenitente viajero, sus artículos se ven publicados en diversos medios, desde Vanity Fair al semanario neoconservador Weekly Standard, pasando por Libertad Digital. No es muy conocido por nuestros lares, pero debería serlo. Su estilo es directo, vibrante, punzante. Y las ideas que defiende no lo son menos.

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Su última obra, America Alone, se fundamenta en una sola idea, simple pero potente y preocupante: Occidente como concepto está muerto, y como realidad humana se está suicidando. América se va a ver sola ante los retos del mundo en unos pocos años. De hecho, y a decir verdad, más que América sola, el título debiera haber sido América abandonada, idea que hace más justicia a las tesis y sentimientos expuestos.
 
La línea argumental es clara: lo que hoy conocemos como Occidente no va a sobrevivir a este siglo XXI que nos toca vivir. Es más, buena parte de esta comunidad liberal, sobre todo en Europa, desaparecerá mucho antes. Tanto que quizá nos toque verlo.
 
El suicidio de Occidente que nos avanza el autor nada tiene que ver con las visiones apocalípticas a que nos tienen acostumbrados –hartos, por mejor decir– ecologistas, conservacionistas y demás antiglobis. Ni Occidente ni el mundo morirán por falta de petróleo y demás recursos naturales. Ni las hambrunas amenazarán el boom demográfico. Ni vendrá a echar el cierre una nueva glaciación que suceda a un previo calentamiento terrestre. La cuestión es mucho más simple, y eso es lo que nos viene a recordar este libro de Steyn: en el futuro no habrá que preocuparse de todas esas predicciones porque para cuando se materialicen, si es que lo acaban haciendo, no habrá casi nadie en nuestro entorno –porque, no lo olvidemos, somos los occidentales quienes nos preocupamos por todas esas cosas, no los chinos, los árabes o los nigerianos– para sufrirlas: habremos desaparecido mucho antes.
 
¿Cómo eso? Para Mark Steyn es muy sencillo de explicar y de entender: simplemente, los occidentales, al menos buena parte de ellos, con la sola excepción de los americanos, ni crecemos ni nos multiplicamos, sino todo lo contrario. No es ilógico para una sociedad no sólo secularizada, sino sobre todo postcristiana y postbíblica. Pero no por consistente deja de ser menos suicida.
 
Como el autor nos recuerda, la tasa de reposición social, esto es, la cantidad de niños que una mujer fértil debe tener para que una población dada se mantenga, es decir, que ni crezca ni se reduzca, es de 2’1. En ese sentido, el mundo, globalmente considerado, está actuando más que bien. El problema es que esa "eficacia" está desigualmente repartida y eso va a causar un ajuste global jamás visto. Los países que están a la cabeza en cuanto a tasa de reposición se refiere son Somalia, Nigeria, Afganistán y Yemen, con 6’91, 6’83, 6’78 y 6’75 hijos por mujer, respectivamente. Y ahora, los que están a la cola: Alemania, Rusia, Italia, Japón y España. Entre el 1’3 y el 1’1. ¿Sorpresa?
 
El Instituto Nacional de Estadística posiblemente argüiría que los datos que usa Steyn han quedado relativamente obsoletos y que el crecimiento de la población en parte de Europa se está recuperando. Particularmente, en España se habría alcanzado el 1’34 en el último año. Pero, para desgracia nuestra y refuerzo de las tesis de Mark Steyn, este crecimiento se debe al aumento de la población emigrante y a los mayores índices de natalidad que sostienen frente a los nativos españoles. Nada mejor que un paseo por las plantas de obstetricia y ginecología de nuestros hospitales públicos para comprobarlo in situ.
 
Por tanto, y de acuerdo con Steyn, aunque todo el mundo acabe asumiendo la actual apatía demográfica de los países avanzados y occidentales, aquellas sociedades o pueblos que sucumban a ella más tarde gozarán de una gran ventaja competitiva. Esta ventaja competitiva es más que importante en la sustentación de las tesis de Steyn, puesto que para que América se quede sola es condición imprescindible que el resto de Occidente la abandone de una forma u otra.
 
Así como el mundo es hoy más islamista que hace dos décadas, Europa es también más musulmana que hace 20 años; aún peor: dadas las tendencias demográficas, todavía lo será más dentro de otros 20 años. Cierto, las mujeres musulmanas en suelo europeo reducen rápidamente su alta natalidad, pero, con todo, la tasa más baja a la que han llegado de 2’9 hijos. Lo que quiere decir que, mientras en una generación italianos y españoles reducen su número a la mitad, los musulmanes seguirán doblándose en Europa durante bastante tiempo. La pregunta que se hace el autor, ¿qué impacto tendrá este crecimiento desigual y sostenido durante décadas?, es más que apropiada.
 
Para Mark Steyn el problema fundamental es la cerrazón y ceguera de los europeos ante nuestro futuro. Preferimos discutir interminablemente sobre arreglos institucionales, sobre multitud de cuestiones irrelevantes o secundarias y nos dejamos seducir por la falsa idea de que todo seguirá más o menos como está. Estamos ciegos. Si la demografía se vuelve islámica, tarde o temprano Europa será del Islam. No más Unión Europea, sino, más bien, Unión Euroarábica.
 
En America Alone se recogen suficientes muestras de qué significaría eso porque ya se está empezando a sufrir en muchos rincones de Europa: un cineasta asesinado, una parlamentaria que se tiene que exiliar a América, un local gay asaltado, una paliza a chicas "díscolas", el asesinato de judíos por el mero hecho de serlo… Una Europa islamizada no sería más light, todo lo contrario. De ahí que sean más sorprendentes las manifestaciones de solidaridad con la cultura islámica de grupos europeos de izquierda o feministas, justo las primeras comunidades que sufrirían el asalto del totalitarismo islámico.
 
Y esa es la segunda gran tesis de Mark Steyn: lo verdaderamente importante en esta lucha histórica entre Occidente y el islamismo es la debilidad de los occidentales, especialmente de los europeos, para defender los principios con que se ha creado y en que se basa Occidente. El Islam tiene su fuerza, sin duda, sobre todo si se materializa en la forma de terroristas suicidas, pero es más fuerte en la medida en que nosotros somos más condescendientes, retraídos y cobardes. Nuestra debilidad es el alimento de su fuerza.
 
Si uno hace un discurso crítico con el Islam es inmediatamente tildado de xenófobo y racista. Pero nada de la crítica que se hace al Islam tiene que ver con la raza. Tiene que ver con la cultura social y política que se deriva de la práctica del Islam. A nadie nos molesta un indio o una india vestida a su manera. Porque la India es una nación democrática. El burka o el velo por nuestras calles es ofensivo por sus connotaciones de rechazo a los valores más básicos que nos han servido de identidad, como europeos, como occidentales, como avanzados, como liberales y como progresistas.
 
Como el propio Steyn dice, si el 100% de la población cree de verdad en la democracia liberal, poco importa el color de la piel o que haya minorías o mayorías de color. Pero si una sociedad está dividida y separada por culturas donde una parte sí cree en la libertad individual y la otra no, que los primeros sean mayoría o minoría es de una gran importancia.
 
La parte más endeble del libro de Steyn tiene que ver con sus recomendaciones. Su prosa mordaz y colorida se vuelve más gris y menos definida. Posiblemente porque nadie tenga soluciones listas para los problemas a que nos enfrentamos y nos enfrentaremos. Al menos Steyn sabe que mientras la población europea nativa se encoge en beneficio de la emigración, los Estados Unidos acaban de superar los 300 millones, y que llegará a los 500 en algún punto de la mitad del siglo. Igualmente, no aborda más que de pasada el agrio debate que sobre la identidad nacional y la inmigración está teniendo lugar en la propia Norteamérica.
 
Con todo, el libro es meridianamente claro: América y Europa han elegido caminos distintos para el futuro. Y eso nada tiene que ver con Bush y con Chirac, mucho menos con ZP.
 
Lo más curioso es el análisis demográfico que hace Steyn de los Estados Unidos: demócratas los que están en crisis demográfica y republicanos los más dinámicos poblacionalmente hablando.
 
America Alone es una obra fácil de seguir y de leer, con una prosa periodística que hace que se pasen las páginas con rapidez, lleno de anécdotas, pero no por eso menos serio y consistente. Para todos los que queremos que Europa no se quede sola, antes que la propia América, se trata de una lectura, más que interesante, necesaria. Como reza el subtítulo: es el fin del mundo tal y como lo conocemos. Ni más ni menos.
 
 
MARK STEYN: AMERICA ALONE. Regnery Publishing (Washington DC), 2006; 256 páginas.
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