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Votar... ¿a quién?

Consideremos los candidatos. Uno, Freddy Faisán, ganó la carrera interna del PSOE a la Doctora Burrianes, y es difícil decir cuál de ellos es más indigno y canalla. Freddy fue una ruina para la enseñanza, portavoz y encubridor de la corrupción felipista, del terrorismo gubernamental, protagonista, junto a su jefe de filas, de la colaboración con los asesinos etarras, corruptor de jueces tan corruptibles como los estrellas que "brillan" en los medios día sí y día también, corresponsable de la ruina económica y de la progresión secesionista de España. Un sujeto que en cualquier país con democracia algo firme estaría en el banquillo ante una justicia independiente y con un negro futuro por delante, como los demás miembros de los gobiernos causantes de nuestras miserias durante siete años. Pero aquí no solo algunos políticos parecen inmunes a la justicia, sino que después de sus fechorías pueden irse tan campantes, con la satisfacción de sus pensiones, de su "prestigio", de los cargos que les vendrán a continuación en empresas privadas o públicas. Creo que el historial de los faisanes y los burrianes define la involución, la extrema degradación a que ha llegado la democracia en este país. Y pese a todo tendrán millones de votos y se quedarán "con buen cuerpo", como cuando perdieron las primeras elecciones ante Aznar. ¡Milagros de la ignorancia! Porque si el público fuera consciente de lo que significan tales personajes y conociera la historia del PSOE, seguramente enviaría a ese partido y a sus jefes a la franja marginal del sistema.

Por otra parte tenemos a un jefe de la oposición que no se ha opuesto, que invoca como su ideal de futuro al país de la nena angloparlante y afirma que la economía lo es todo. Un señor que declara antifranquista a sí mismo y a toda su familia, como si la democracia proviniera de personas tan insustanciales como él. Durante años se sintió embarazado por las masivas manifestaciones populares contra las fechorías del gobierno socialista. Consideraba que no le daban votos y sí una imagen "retrógrada" que movilizaría a su vez a la izquierda, el coco enarbolado por los sociólogos de tres al cuarto que orientan al PP. No podía disociarse de los manifestantes, porque en su mayoría eran también votantes suyos, pero tampoco desarrollar, explicar y dar cauce a la protesta, y logró desactivarla. Mucha gente cree que ha sido una táctica hábil para desmovilizar a la izquierda y que, una vez en el poder, aplicará una política correcta. En suma, que con su "perfil bajo" estaría engañando y desarmando a la izquierda. Yo opino, a mi pesar, que a quien ha engañado y desarmado es a sus votantes. Porque no actúa solo por oportunismo, sino por vaciedad intelectual y política: quien marca en España la orientación ideológica es el PSOE, desde Suárez, e incluso en gran medida con Aznar, y el PP sigue esa orientación, aunque refunfuñando: la economía lo es todo.

Y la economía, es decir, la crisis económica, parece impulsar sus velas hacia el poder. Y probablemente hacia la tormenta. Un panorama muy poco alentador. Dada la ausencia de alternativas, considero que solo puede ser bueno todo lo que contribuya a socavar este bipartidismo.

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