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La dignidad del pueblo cubano

Carta a Hillary Clinton

Paris, 23 de mayo del 2012
Sra Hillary Clinton
Secretaria de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica

Estimada señora Hillary Clinton:

A mediados de los años noventa, durante el mandato del presidente Bill Clinton, bajo la dictadura de Castro I en Cuba, mi país, la Feria Internacional del Libro de Miami me invitó a participar en la misma. Pese a que en aquel momento yo vivía ya exiliada en París, Estados Unidos me negó la visa en tres ocasiones. Los organizadores de la Feria le enviaron una carta al presidente, y yo personalmente me comuniqué con su oficina gracias a las gestiones de una periodista cubanoamericana. Finalmente mi visa fue otorgada, también la de mi esposo, el cineasta Ricardo Vega, y la de mi pequeña hija de muy pocos años, un bebé. No obstante, en el aeropuerto antes de tomar el avión, fuimos revisados de arriba abajo, en un cuarto privado. Los policías usaron guantes para tocarnos y revisar inclusive dentro del pañal de nuestra hija. Finalmente fuimos acompañados hasta el avión y durante todo el viaje por un guardia de seguridad. En Boston, donde hicimos escala, no nos dejaban entrar en el aeropuerto, tuvimos que enseñar la carta del presidente Clinton para que nos permitieran el acceso. Finalmente, después de muchas llamadas y consultas, y de haber perdido varios vuelos, pudimos viajar y llegamos a la Feria del Libro de Miami, donde participé y leí mis obras en un teatro frente a mil personas, entre ciudadanos venidos de todas partes del mundo, en su gran mayoría, norteamericanos, cubanoamericanos y cubanos. Al terminar mi estancia regresé a París, donde todavía vivo. He vuelto a Estados Unidos y a la Feria del Libro de Miami en numerosas ocasiones.

Le hago este extenso preámbulo aunque no ignoro que usted conoce las negaciones de visa que se le han hecho a los cubanos amantes de la libertad y luchadores por los Derechos Humanos que desean y necesitan entrar en Estados Unidos desde un segundo país, ya sea para viajar temporalmente, sea para reunirse con sus familiares. Como ha sido el caso recientemente de un grupo de presos políticos cubanos que se encuentran en España desterrados con la complicidad del antiguo gobierno español y la iglesia castrista cubana, bajo el mandato de Castro II y bajo su gobierno y el de Barack Obama. Lo que considero una injusticia, o sea el destierro como las negaciones del visado.

Pero la injusticia se convierte en vejación profunda a los cubanos –ésos que tanto han hecho en Estados Unidos, y que han trabajado duramente para hacer de la Florida y de cada región donde han llegado en ese gran país que es Estados Unidos, una región próspera y apacible–, cuando su gobierno le entrega un visado profesional a Mariela Castro, la hija del dictador Castro II, junto a 60 tracatanes que la acompañan, así como a funcionarios que han ido a Estados Unidos recientemente para ofrecerle al exilio cubano que participen en la reconstrucción de las propiedades que ellos mismos les confiscaron, y de las que se adueñaron, descuidándolas y destruyéndolas durante estos más de 53 años de dictadura, pero claro, la proposición de participar en la reconstrucción se les hace ahora sin devolverles absolutamente nada, como era de suponer. ¡Un gran negocio para el castrismo, sin dudas! El negocio del embudo, lo ancho para ellos, lo estrecho para los perjudicados, que son cubanos.

Resulta humillante para los demócratas y para su gobierno que esas visas sean concedidas, que el relajo del Intercambio Cultural del que tanto se ha hablado como medida aperturista por parte de Estados Unidos, otra Ley del Embudo, en el que unos vienen, y ningún artista del exilio ha podido viajar hasta ahora en igualdad de derechos a su propio país, continúe siendo apoyado por Obama y por usted. Por demás está añadir que no comparto para nada el intercambio cultural de marras entre un gobierno elegido democráticamente y una dictadura. Porque a nadie le hubiera cabido en la cabeza tumbar a Hitler, a Pinochet, y a Videla, con intercambios culturales y con relajamiento del embargo. Un embargo que resultó muy eficaz en la Sudáfrica del Apartheid y en Birmania, sin contar ejemplos más actuales, como es el caso de Siria.

Le escribo, estimada señora Clinton, porque soy además de escritora, una luchadora por los DDHH en mi país y en el mundo; y creo que deben ustedes ponerse del lado de los justos. Y de ninguna manera situarse del lado de la hija de Castro II, Mariela Castro, ni de sus lacayos, porque ellos no representan a Cuba ni a los cubanos. Como tampoco podrá jamás representar a los homosexuales cubanos, puesto que esta señora solamente defiende a los homosexuales procastristas, a los que manipulan chantajeándolos con su condición sexual. Y eso, ahora, como mascarada hacia el exterior, porque tampoco ignorará usted que durante cinco décadas, incluso también hoy en día, los homosexuales fueron perseguidos y siguen estando reprimidos en Cuba, así como todo el pueblo cubano en su totalidad. Me imagino que habrá leído Antes que anochezca de Reinaldo Arenas, entre otras obras de grandes autores cubanos, que testimonian de los horrores cometidos por el castrismo.

Espero que esas visas a esos depredadores de la libertad sean retiradas a tiempo, en nombre de la justicia, de la libertad, y de la democracia, y en nombre de la dignidad del pueblo cubano y del pueblo norteamericano que usted y el presidente Obama representan.

Saludos cordiales,

Zoé Valdés
Escritora cubana exiliada en París
Chévalier des Arts et des Lettres de France
Grande Médaille de Vermeil de la Ville de Paris por su obra y por la defensa de los DDHH en el mundo.

La carta ha sido enviada a la secretaria de Estado de EEUU, Hilary Clinton, el 23 de mayo de 2012.

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