
La coincidencia en el tiempo del reciente terremoto de Granada con los sismos catastróficos de los países andinos ha generado una corriente de pánico entre nuestros compatriotas: es necesario aclarar verdades científicas y poner orden en la opinión pública; vamos a intentarlo.
Digamos con las debidas reservas que no es previsible un gran terremoto catastrófico en el cuadrante noreste ibérico, aunque la actividad sísmica se mantenga debido a las fallas existentes en la litosfera de la zona: es necesario mantener informada a la población sufridora, necesitamos didáctica, en definitiva, para evitar que cunda el pánico. Vamos a ello.
Las citadas fallas son consecuencia del empuje de la placa norteafricana contra la placa ibérica: tectónica de placas en suma, y es esta una rama muy moderna de la geología, ya que se desarrolló a partir de los años setenta del pasado siglo.
Este tipo de movimientos tectónicos son consecuencia de la Orogenia Alpina, la última de las que han modelado el relieve actual de la Tierra, entre ellas la gran cordillera del Atlas en el norte de África. Son estas sacudidas sísmicas consecuencia del empuje de las rocas africanas sobre las del sudeste ibérico.
Antes de consolidarse los estudios geológicos de finales del siglo XX se hablaba de "la gran falla del Guadalquivir", y se vaticinaba que el arte y los monumentos nazaríes serían efímeros debido a la acción de los terremotos; hoy se conoce la situación mucho mejor, no hay una enorme falla como se aventuraba, sino una serie de ellas, tres principalmente, y afortunadamente no demasiado largas, desde luego mucho más cortas que las fallas andinas productoras de terremotos causantes de ruinas de ciudades enteras y de pérdidas de miles de vidas humanas.
Lo de Granada es diferente
Porque las fallas más cortas también cargan menos energía y, cuando la descargan, produciéndose el terremoto, la catástrofe es menor que en el caso de las fallas muy largas: afortunadamente. El reciente seísmo que sufrimos en Lorca es uno de los más potentes que se pueden temer en la zona y sus proximidades.
Granada goza de un sistema de edificación antisísmica relativamente fiable; por ello es mucho más previsible la generación de terremotos y sus réplicas causantes de deterioros en fachadas, repisas, cornisas y accesorios mobiliarios que la demolición de edificios completos con los correspondientes desastres para la población; de todas formas no olvidemos el principio de prudencia.
¿Cómo informar a la población?
Es necesario informar con la verdad tratando de evitar el pánico y el consiguiente caos, que sólo conseguirían aumentar los efectos negativos del seísmo y de sus inevitables réplicas: didáctica en definitiva.
¿Salir a la calle o permanecer en el interior de los edificios? ¿Cómo aconsejar a la población?
La responsabilidad para las autoridades es máxima en este sentido; es necesario jugar con las estadísticas, ya que nadie puede asegurar que, si se desploma una casa esta no sea precisamente la tuya, pero, estadísticamente, se demuestra que la mayor parte de las lesiones para la población se producen por desplome de cornisas, cubiertas de albañilería y torres y caída de árboles: estadísticamente, aunque no sea fácil dominar el nerviosismo, es más seguro el interior en edificios sísmicamente bien construidos, por eso se ha aconsejado a la población no salir despavorida a la calle.
Un país tan sísmico como Japón nos ofrece ejemplos didácticos definitivos: ya en el colegio los niños aprenden lo que tienen que hacer cuando se detectan sacudidas sísmicas: salen ordenadamente sujetándose a sogas instaladas en las barandillas, se colocan bajo dinteles de puertas o debajo de mesas; hay que evitar el caos, el desorden y el pánico y lo consiguen de manera ejemplar.
Volvamos a nuestra Granada para tranquilizar a su población, aunque sea mucho más fácil predicar que dar trigo; la actividad sísmica de la placa ibérica es responsable de la vecindad con la placa africana, pero las consecuencias no son comparables con las de las formidables fallas andinas, tengámoslo claro.
Volviendo a las enseñanzas de la tectónica de placas, recordemos que la superficie de la Tierra que llamamos litosfera, formada por la corteza y una parte del manto superior, está dividida en fragmentos: las placas tectónicas, que se mueven e interactúan. La mayor parte de los fenómenos tectónicos, aunque no todos, se producen en los bordes de placa o en sus proximidades, es el caso de nuestro cuadrante sudoriental.
Cuando la interacción entre placas se limita a choque sin hundimiento de una de ellas, no se forman generalmente volcanes y la consecuencia se limita a sacudidas sísmicas. Cuando una de las placas se desliza bajo la otra los materiales se funden y se levantan en forma de volcanes, así ocurre hacia el Mediterráneo este, con sus famosos volcanes: Vesubio, Etna, Estrómboli, etcétera. Las microplacas mediterráneas son otra historia.
La Península Ibérica no es, en estos momentos de la historia geológica, un espacio demasiado activo, con excepción de las regiones que estamos comentando, en las proximidades al norte de África, cuya actividad sísmica, traducida a veces en maremotos derivados se recuerda aún, ya más de un siglo después de los últimos, se recuerda en inscripciones en las paredes de las bellísimas iglesias gaditanas.
Todo se debe a la tectónica de placas, la última gran teoría geológica del siglo XX que nos ha permitido aclarar tantos misterios, como los volcanes, los terremotos, sus localizaciones y sus posibilidades, todavía incipientes, de su predicción.
Tectónica deriva del término griego tecton, que significa 'construcción'. Efectivamente la Tierra es un planeta geológicamente vivo y sus fenómenos catastróficos lo demuestran.