
Hay noticias que deberían servir de inspiración para el resto de Canarias. No porque una isla sea mejor que otra, sino porque demuestran que cuando existe voluntad política es posible afrontar los problemas con medidas concretas en lugar de resignarse a convivir con ellos.
La decisión adoptada en Lanzarote para reforzar el servicio del taxi en el aeropuerto y el puerto de Arrecife es un ejemplo de ello. Ante una necesidad evidente, la respuesta no ha sido abrir un nuevo debate interminable ni trasladar la responsabilidad de una Administración a otra. La respuesta ha sido trabajar para ofrecer una solución.
Y ahí es donde surge una reflexión inevitable.
¿Por qué en otras islas seguimos instalados en el "no se puede"? ¿Por qué tantas iniciativas acaban encallando entre informes, competencias, recursos y enfrentamientos políticos mientras los ciudadanos continúan esperando respuestas?
Da la sensación de que, en demasiadas ocasiones, resulta más sencillo cuestionar, bloquear o incluso desmontar aquello que funciona que dedicar tiempo y esfuerzo a construir alternativas que mejoren la vida de las personas.
Gobernar no debería consistir en administrar la inercia. Gobernar es tomar decisiones. Es escuchar a los sectores afectados, analizar la realidad y actuar con valentía cuando la situación lo requiere.
Canarias necesita Administraciones que compartan buenas prácticas en lugar de ignorarlas por rivalidades territoriales o diferencias políticas. Si una medida funciona en una isla y además beneficia a residentes, trabajadores y visitantes, lo lógico es estudiar su aplicación allí donde también pueda ser útil.
No se trata de copiar por copiar. Se trata de aprender de quien demuestra que las cosas pueden hacerse de otra manera.
Porque al final la ciudadanía no evalúa quién tenía la competencia o quién redactó el informe más extenso. La ciudadanía recuerda quién solucionó el problema.
Quizá ha llegado el momento de dejar de invertir tantas energías en explicar por qué algo es imposible y empezar a emplearlas en hacerlo posible. Esa es, en definitiva, la diferencia entre una Administración que gestiona el día a día y otra que aspira realmente a transformar la realidad.

