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El plátano canario se vende en pérdidas

El plátano canario se hunde. El agricultor vende a pérdidas por una mala planificación, mientras los intermediarios mantienen sus márgenes.

El plátano canario se hunde. El agricultor vende a pérdidas por una mala planificación, mientras los intermediarios mantienen sus márgenes.
Europa Press - Asprocan

El hundimiento del precio del Plátano de Canarias IGP según la propia Unión de Uniones de Agricultores y Ganaderos responde a una incapacidad manifiesta para ajustar la producción a la demanda real del mercado.

Como cada verano, el consumo en la Península retrocede ante la llegada de otras frutas de temporada. Pese a ser un ciclo conocido, el sector envía volúmenes que el mercado es incapaz de absorber. El resultado es directo: miles de agricultores en La Palma y el resto del Archipiélago venden por debajo de sus costes de producción.

Una negligencia con aviso previo

La organización agraria señala que este escenario era evitable. Desde el nacimiento del racimo hasta su recolección transcurren entre doce y catorce semanas. Un margen de tiempo suficiente para realizar estimaciones fiables y ordenar la oferta. Según la normativa vigente, esta responsabilidad recae sobre las Organizaciones de Productores de Plátanos, a las que acusan de repetir el mismo error año tras año, condenando a las fincas a la asfixia económica.

Mientras el productor asume el golpe y trabaja a pérdidas, los márgenes del resto de la cadena de distribución quedan intactos. El consumidor peninsular y canario sigue pagando el plátano a precio de oro y no percibe el desplome en el supermercado.

La Ley de la Cadena Alimentaria, diseñada en teoría por el Gobierno para asegurar la rentabilidad del sector primario, es en la práctica papel mojado para el platanero. La legislación no frena la sangría en origen ni sirve para proteger a quien asume todo el riesgo.

Basta de excusas

Ante este panorama, la plataforma canaria Palca exige responsabilidades. Reclaman a los dirigentes de Asprocan y a las organizaciones productoras que den la cara y expliquen su pasividad frente a la crisis. Para el agricultor que madruga cada día para sostener su explotación familiar, las explicaciones a toro pasado ya no pagan las facturas. Cuando la gestión aboca sistemáticamente al mismo desastre, el sector no tiene más remedio que cuestionar la capacidad de quienes dirigen su futuro.

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