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Diputada Patricia Hernández: dinero, soberbia y faltas de ortografía

Alarma a los ciudadanos con su redacción de nivel preescolar.

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La diputada socialista Patricia Hernández redacta y escribe como lo haría una estudiante de preescolar, pero se comporta como Torquemada intentando silenciar sin piedad a la prensa disidente. Esta semana pidió formalmente a Twitter que cerrase mi cuenta al reportarme como "spam". Hernández reúne en una sola persona todos los males que han llevado a este país a la ruina:

Despilfarro y Codicia: España no tiene dinero para pagar las becas de los investigadores del CSIC, pero sí para cubrir de billetes cada mes y desde hace casi diez años a alguien como Patricia, incapaz de escribir sin faltas de ortografía. Comparada con las ciudadanas tinerfeñas de su misma edad y formación, Patricia es, gracias al contribuyente, rica –posee múltiples propiedades inmobiliarias y cuentas bancarias- y su boyante situación económica contrasta con la situación de la juventud en su Canarias natal, donde hay un 62,6 % de desempleo juvenil y un 38% de pobreza infantil. Terribles datos que poco parecen importar a Patricia en sus intervenciones parlamentarias. Sí le importa -e irrita- que le pregunten cuánto cobra.

Ignorancia: El maltrato de Patricia a la lengua castellana es constante. Y no hablo de abreviaturas en Twitter para ahorrar caracteres, sino de verdaderos atentados contra el idioma. En un reciente anuncio público, Hernandez dijo que en verano no habría "cesión de control al gobierno" en vez de "sesión de control al gobierno". En otro tuit sobre Bárcenas hablaba de "sobresueldos u cuentas secretas" en vez de "sobresueldos o cuentas secretas". En otro usaba la expresión "al no ser que fuera" en vez de "a no ser que fuera". En otro, le decía a un tercero "cuando te refieres a mí no uses el masculino" en vez de "cuando te refieras a mí no uses el masculino". Sin palabras. La señora diputada es de una ignorancia alarmante. Merece la pena ver los enlaces e imánges de tuits de Patricia publicada en este artículo.

Despotismo: Esta diputada socialista decidió bloquear en Twitter a quien estas líneas escribe, por el mero hecho de preguntarle cuantos días había trabajado fuera de la política y cuánto cobraba. No contenta con ello anunció en esa red social que había bloqueado y reportado a este autor como "spam" ante los gestores de Twitter. Reportar a alguien como "spam" implica que Twitter cancele la cuenta del reportado, negándole capacidad de expresión alguna. De este modo –poniendo una mordaza a la prensa- Patricia Hernandez intenta neutralizar a la disidencia y privar a los ciudadanos de su derecho fundamental a la información.

Los ciudadanos estamos acostumbrados a actos de despotismo como este: "¡Que le corten la cabeza!", dijo la reina de corazones en Alicia en el país de las maravillas para librarse de quien le incordiaba. "¡Váyase, estoy aforado!" dijo el senador Curbelo -socialista y canario como Patricia- a la Policía cuando le intentó detener tras armarla en un puticlub de Madrid en 2011. "¡Bloquéenle, expúlsenle de twitter, este autor es un spam!" dijo Patricia Hernandez a los gestores de Twitter sobre mí. No se puede tolerar en pleno siglo XXI semejante despotismo por parte del poder. Todos sabemos el esfuerzo recuperar cada centímetro que retrocede la libertad de expresión.

Soberbia: A Felipe Gonzalez le gustaba repetir cómo "por la boca muere el pez" para referirse a gente como esta diputada. Patricia Hernandez ha demostrado con sus actos cómo seria para ella el mundo ideal, un mundo donde nadie le hiciese preguntas incómodas y la disidencia fuese silenciada: o sea, la Rumania de Ceaucescu o la Cuba de los Castro.

Atónitos por su comportamiento, somos muchos los observadores parlamentarios que nos preguntamos cómo ha podido la izquierda parlamentaria española pasar de la cátedra de Tamames al "ola k ase" de Patricia Hernandez en tan poco tiempo.

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