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Oprah y las tiendas

El organismo suizo de turismo se ha disculpado con la presentadora y magnate de la televisión Oprah Winfrey por un incidente con un bolso.

Rosa Belmonte
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Oprah Winfrey puede hablar todo lo que quiera de racismo, pero ella tiene dos papeletas que siempre tocan: la de ser negra y la de ser gorda (arrastra un problema de tiroides). Mujer, negra, gorda y, sin embargo, en todo lo alto. Rompiendo techos y cristales. El organismo suizo de turismo se ha disculpado con la presentadora y magnate de la televisión por el incidente del bolso. Un incidente que ella misma contó cuando promocionaba en la tele la película The Butler y se le preguntó si alguien la había llamado alguna vez con la letra N. Dijo que no pero contó el ya conocido sucedido del bolso. Es decir, que pidió en una lujosa tienda multimarca de Zurich (Trois Pommes, aunque Oprah no lo dijo) mirar un bolso de cocodrilo y la dependienta le dijo que no, que era muy caro. Uno de esos bolsos que están en una urna como Nefertiti en Berlín. Sintiéndose Julia Roberts en Pretty Woman y en un arrebato de rabia contó a Larry King que pensó comprar toda la tienda pero reculó ante la idea de que la dependienta recibiera una enorme comisión (retorcida sí es la tía). Una dependienta que no ha visto en su vida el programa de Oprah. Que no habrá visto ni El color púrpura. Desde la tienda de lujo luego aseguraron que la vendedora no había reconocido a Oprah y que al rechazar su petición había sido "muy amable". También han aclarado que es italiana y que probablemente se produjo un malentendido. Tócate la peineta.

Incluso las mindundis, cuando engordamos, tenemos el escape de comprar bolsos y zapatos. Los pantalones no nos cabrán pero siempre nos quedan los complementos que escapan de nuestras lorzas. Debe de ser frustrante tener 77 millones de dólares y que no te dejen echar un vistazo a un bolso de 38.000 dólares (otras fuentes sostienen que costaba 42.000). Usted no sabe con quién está hablando y tal.

Teniendo en cuenta que la estrella relató lo que le había pasado cuando le preguntaron por la letra N, es evidente que atribuyó al racismo el rechazo. Y pensaría en Billie Holiday, Bessie Smith y otras artistas con famosas dificultades para entrar en los hoteles durante las giras. Eran otras épocas. Hoy tanto la raza como el peso están relacionados con el rechazo. Con suponer que uno es de una determinada clase social. Hace años, Said Aouita, entonces una estrella del mediofondo, llegó a Murcia y pidió al taxista que le llevara a un hotel. El taxista le llevó a uno limpio.

Lo curioso es que a Oprah le suelen pasar cosas similares. Hace siete u ocho años, Hèrmes se disculpó con la dueña de Harpo (su productora, Oprah al revés). Esa vez fue en París. Oprah intentó entrar en una tienda que no estaba abierta. La habían cerrado a las seis y media porque tenían un acto privado dentro (eso que horrorosamente ahora llaman un evento). Llegó a las siete menos cuarto y el señor de la puerta con su traje negro le impidió la entrada, a la vez que amablemente le daba una tarjeta para que se acercara otro día. Cuando volvió a Estados Unidos se puso hecha una fiera en su programa.

Una vez, Lauren Bacall intentó entrar en otra tienda. "El establecimiento está cerrado al público", le dijeron. Y ella: "Es que yo no soy el público". A la italiana, Oprah le pareció el público.

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