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La mano de Beckham

Muchos famosos cuentan en su haber con algún episodio de abusos de algún tipo.

Rosa Belmonte
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Cartel publicitario del documental The Class of 92

En el documental The class of 92, el futbolista David Beckham cuenta que tuvo que masturbarse delante de sus compañeros de equipo. Se trata de un documental sobre el ascenso de Beckham, Nicky Butt, Ryan Giggs, Gary Neville, Phil Neville y Paul Scholes. Ese episodio que relata ocurrió en 1991, cuando el rubio tenía 16 años. Debió hacerlo (o hacer que lo hacía) de cara a una foto del jugador galés Clayton Blackmore y con los otros mirando. Era un ejercicio de iniciación. Una novatada. Aunque no le gustó, no parece que haya sido un trauma. Tampoco lo que hace poco contó Emma Thomson sobre el mago que le metió la lengua hasta la garganta a los ocho años. El día de su cumpleaños. En su fiesta. "Mis padres contrataron un mago. Era un hombre viejo con el pelo gris. Me llevó detrás de una puerta y dijo: ‘¿Quieres un caramelo?’". Emma contestó que claro que lo quería. Se lo dio y siguió con sus avances: "¿Me darías un beso?". La actriz también contestó que sí. “Fui a darle un beso en la mejilla pero él acercó su boca, me metió la lengua y empezó a moverla. Creía que era culpa mía. Los niños siempre creen que es su culpa”.

Contó esto para ilustrar los peligros a los que se enfrenta la infancia. Los niños tienen los peligros de siempre y, además, los de internet. Por eso ha escrito un libro sobre sexo (y emociones) para Gaia, su hija de 13 años. Con su marido, Greg Wise (el guapo de Sentido y sensibilidad), tiene otro hijo, Tindy, un refugiado ruandés, un niño soldado que adoptó a los 16 y que a los 26 es abogado de derechos humanos. Emma Thomson se toma todo muy en serio. Pero también a risa. De Tindy dice: "Es el único de la familia que sabe cómo limpiar y cargar un AK-47, lo cual me tranquiliza bastante porque estoy segura de que lo necesitaremos en algún momento".

La que no se toma a risa nada de su vida es Julia Roberts. El National Enquirer publicó hace unas semanas que había sufrido abusos por parte de Michael Montes, el chiflado de su padrastro. Es un tipo del que ella nunca habla, aunque su hermano Eric sí lo haya hecho. Y ahora parece que lo va a hacer el padrastro. Julia Roberts es de poco hablar porque ni siquiera ha contado cómo la maltrataba Herb Ross, el director de Magnolias de acero (y no como las quejicas de La vida de Adèle). Fueron Shirley McLaine y Sally Field las que se fueron de la lengua. Shirley dice que todas las noches Julia iba a su casa y se ponía a llorar convencida de que era una actriz horrorosa. Porque el otro se lo hacía creer. Claro, que también le soltó a Dolly Parton que por qué no tomaba clases de actuación. Según Sally Field, no puedes decir eso precisamente a ella: "Dolly Parton es la más divertida, ingeniosa y rastrera. Puede cortarte en tiras". Todas odiaban al director y fueron a cantarle las cuarenta. Lo hicieron las dos más poderosas. Y las que cantan. Una era Shirley. La otra, claro, Dolly. El caso es que Julia Roberts es de ese tipo de personas que no cuentan lo que no quieren. A quién le importa (aunque a lo mejor un día la vemos sentada frente a Oprah).

Quien quiera contar cosas, que lo haga. Allá cada cual con sus dramas. Yo soy muy fan de Doris Lessing. Y no necesariamente de su ficción. En su autobiografía hablaba de su padre, que le hacía cosquillas: "Papá atrapaba a su hijita y la obligaba a bajar la cara hasta sus rodillas o su entrepierna, dentro del olor sin lavar… Sus grandes manos recorren mis costillas. Mis gritos, desamparados, histéricos". Y encima el padre tenía un muñón. Pero muchos años después creía que la preocupación de finales del siglo XX por el abuso sexual a los niños era "un movimiento histérico de masas".

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