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Siendo Jane Eyre

Una vez contemplada su imagen, creo que la niñera española del príncipe George es Jane Eyre.

Rosa Belmonte
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Maria Teresa Turrión | Cordon Press

Llevamos un tiempo dando otro sentido a lo de Españoles por el mundo. A Manuel Valls y Anne Hidalgo, añadimos a María Teresa Turrión Borrallo, la niñera del príncipe George (después de que Guillermo de Inglaterra recurriera brevemente a su vieja nanny Jessy Webb, de 71 años). Son españoles de nacimiento incrustados en su nueva sociedad. En el caso de María Teresa, la cosa, la asunción del país de adopción, va más allá. Es más extraordinario porque la de las niñeras e institutrices es una de las grandes instituciones británicas (tenían nannies inglesas el zar Alejandro III y Carmen Martínez-Bordiú). Y ella es una ‘Norland Nanny’. Gracias al viaje de los Duques de Cambridge a Australia y Nueva Zelanda, la hemos visto. Una vez contemplada su imagen, creo que esta señora es Jane Eyre.

Repasando todas las adaptaciones cinematográficas de la novela de Charlotte Brontë, la palentina es la mejor encarnación física de la heroína literaria, salvo por la altura. Brontë describe a una mujer fea que sabe que es fea. "Tenía que ser sencilla en mi atuendo. No poseía nada que no fuese sencillísimo, pero me gustaba no dar una impresión de descuido o desaliño y deseaba parecer tan bien como mi falta de belleza me permitía". Eso sí, Rochester (que no era más guapo que ella) sucumbía: "A usted, tan rara, tan insignificante, tan vulgar, es a quien quiero como a mi propia carne y a quien ruego que me acepte por esposo".

En el siglo XXI no hay Rochester que valga. Guillermo de Inglaterra no es Edward Rochester, ni tiene una loca en el ático, ni el palacio de Kensington es Thornfield. Pero María Teresa es más Jane Eyre que Charlotte Gaisbourg, Susannah York, Mia Wasikowska o Conchita Goyanes. Y desde luego, mucho más que la disparatada Joan Fontaine. Tiene gracia porque la hermana de Oliva de Havilland interpretó tanto a Jane Eyre (en Alma rebelde) como a la mujer de Mr. de Winters en la Rebeca de Hitchcock, basada en la aseada copia que Daphne du Maurier hizo de la novela de Charlotte Brontë. Como Carmen Martín Gaite escribió, la única creación original de Rebeca con respecto a Jane Eyre es la señora Danvers. Quizá por eso, cuando Robert Stevenson llevó al cine Jane Eyre en 1944 (aquí llamada Alma rebelde) tiró tontamente de la misma actriz que cuatro años antes había dado vida a la segunda esposa de Max de Winter. Pero nada tenían que ver. "Encogida, pasiva y víctima de una perplejidad contra la que no es capaz de reaccionar, no tiene absolutamente nada que ver con Jane Eyre", recalca Martín Gaite en un artículo recogido en ‘La búsqueda de interlocutor’ (Anagrama). Nada que ver "con la mujer que le plantó cara al sombrío, avasallador y contradictorio esposo de Bertha Mason", sigue diciendo la escritora salmantina, que tradujo ‘Jane Eyre’ a finales de los 90.

Lo más fascinante de nuestra palentina Jane Eyre es que hizo lo posible por ser niñera, matriculándose en Norland, la prestigiosa escuela de Bath fundada en 1892. Pagando por los estudios casi lo mismo que ella gana al año (43.000 euros desembolsó; 45.000 es lo que gana). Esta señora será personal más cualificado que yo, y llegará más lejos, pero me sigue pasmando que jaleemos o nos enorgullezcamos de formar parte del servicio. Aunque a lo mejor ser niñera es más digno que ser alcalde o primer ministro.

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