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Un hombre depilado

Irina Shayk se pone delante y tapa a Cristiano, cuando la guapa es él.

Rosa Belmonte
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Cristiano Ronaldo sale en la portada del Vogue de junio con Irina Shayk. La rusa se pone delante y tapa al futbolista, cuando la guapa es él. En todo caso se ve claramente que el portugués va depilado. Por todos lados. Las fotos las hace Mario Testino y su nombre en la portada es más grande que los del futbolista y la modelo. El nombre del fotógrafo, y su persona, su personalidad, quedó a la altura de una suela bajita en El número de septiembre, el documental sobre Anna Wintour (él hacía esa portada absurda, la de septiembre, que protagonizaba la también insustancial Sienna Miller). Tampoco se entendió aquella exposición que le dedicó el Museo Thyssen. Es un ¿artista? sobrevalorado. Pero Cristiano, no.

Dice Cayetano Martínez de Irujo que dejó de ser del Real Madrid cuando el club presentó a Cristiano Ronaldo. Y se hizo del Atleti (el sábado pasado estaba en el Nou Camp con bufanda atlética). Lo contó al Mundo deportivo: "Fue cuando vi que el Madrid fichó a Cristiano Ronaldo, el jugador más caro del mundo –casi 100 millones de euros– y la presentación estaba llena de gente que le adoraba y no tenía ni un yogur en la nevera. Parecía un ayatolá. Además querían gastarse mucho dinero en un campo nuevo. El Madrid me sobrepasaba… Decidí hacerme del Atlético, que es mucho más mi filosofía. Les cuesta más cada victoria". Tiene gracia. Porque se ve que ha seguido manteniendo esa postura después de la trayectoria del ayatolá en el Madrid. A cualquiera le puede parecer Cristiano Ronaldo un elemento propio de Mujeres, hombres y viceversa pero como jugador, como futbolista, como competidor, es poco discutible. Esa portada de Vogue es ridícula. Sus cejas son ridículas. El día que dijo que le envidiaban porque era guapo y rico hizo el ridículo. Y lo mismo cuando dijo que estaba triste (y ya ir con la tristeza a ver a Florentino Pérez, que acababa de quedarse viudo, fue el acabose). Pero a ver quién es el guapo que siendo joven es idolatrado y no acaba siendo un perfecto idiota. Recordaba John Carlin a propósito de esto en uno de sus artículos que hasta Julio César tenía un asistente que, tras sus triunfos, le decía: "Recuerda que no eres un dios".

Los ídolos no tienen por qué ser perfectos. Unamuno era un botarate. Escribe Baroja: "Yo creo que Unamuno no hubiera dejado hablar por su gusto a nadie. No escuchaba. Le hubiera gustado explicar a Kant lo que debía de ser la filosofía; a Riemann o a Poincaré, lo que era la matemática; a Plack y a Einstein, el porvenir de la física; a Frobenius, la etnografía de África, y a Frazer, los problemas del folclore. No le hubiera indicado a Mozart o a Bethoven lo que tenía que ser la música porque había decidido que la música no era nada y no valía la pena ocuparse de ella, porque a él no le gustaba". Un botarate. Pero eso no impide que sea un escritor fundamental de la literatura española. Que fuera feroz opositor de Alfonso XIII y de la dictadura de Primo de Rivera y víctima de la censura también le da puntos. Pasa igual con Céline, al que el Gobierno francés canceló un homenaje por su antisemitismo (el autor de Viaje al fin de la noche estaba por el exterminio de los judíos antes de la Solución Final). Si Céline escribió una novela prodigiosa, Cristiano Ronaldo es un jugador de otro mundo. Luego puede depilarse las cejas hasta parecer pintadas. O puede ponerse esa espantosa ropa de futbolista (de verdad, a veces creo que hay tiendas sólo para futbolistas, más allá de que usen firmas conocidas como Dolce & Gabbana). Cristiano sigue siendo el Cristiano del campo a pesar de la ridiculez de Vogue. Y espera, que por dentro hay más.

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